Sociedade

Feminismo en África. Una mirada de género hacia Kenia

Los movimientos feministas existen desde hace muchos años, pero siempre hemos conocido el feminismo occidental blanco del que partimos muchas de nosotras. En África los movimientos feministas no están tan visibilizados como los que están en Occidente, pero las africanas también aportan su grano de arena a esta ola de liberación de la mujer.

Como bien comentó Gloria Jean Watkins, activista y profesora afroamericana, autora de El feminismo es para todos, «El feminismo es una actitud política y no la elección de un estilo de vida o una identidad» (Atalayar, 8 de junio de 2019). Tanto Gloria Jean Watkins como muchas otras mujeres africanas tienen claro que, en caso de que las mujeres se pusieran en huelga, África entera colapsaría.

Muchas de las mujeres del continente africano no consideran que la lucha feminista que se sigue en Europa las represente por su componente eurocéntrico, por lo que han denominado su movimiento de otras formas. Uno de ellos es el “Negofeminismo” (rechaza completamente el feminismo occidental y busca desoccidentalizar los términos, la principal es Obioma Nnaemeka), y otro el “Womanism” (la transformación social poniendo a la mujer africana en el centro) siendo Alice Walker y Chikwenye Ogunyemi las principales pioneras. El “feminismo africano”, que como su nombre indica, es aquel movimiento feminista   que encabezan las mujeres africanas en busca de sus derechos y libertad. A diferencia del movimiento feminista europeo, el feminismo africano se caracteriza por incluir a los hombres en su lucha, ya que este tipo de feminismo no sólo busca la libertad de las mujeres por el hecho de ser mujeres, sino por ser africanas. La lucha feminista debe incluir a mujeres de todo tipo, desde mujeres transgénero a mujeres cis, de mujeres blancas a negras, independientemente de su edad o lugar de procedencia.

Muchas escritoras africanas denuncian la situación de la mujer en África a través de la literatura, describiendo tanto situaciones propias como en otros contextos, además de que en sus obras se caracteriza el hecho de hablar tanto de la sociedad como de la vida privada. El feminismo que utilizan las mujeres africanas es una forma de pensarse a ellas mismas y también exteriorizar sus situaciones al resto; no sólo el feminismo africano está sustentado por mujeres del continente, sino que autoras afroamericanas tratan de exponer en sus libros y sus obras ese sentimiento de identidad africana que comparten, denunciando la situación que vivieron sus antepasadas y que siguen viviendo tantas personas hoy; otras autoras que residen en el continente han escrito utilizando un nombre de hombre para poder publicar y llegar al público, debido, todavía, al creciente machismo que se vislumbra.

El Foro Feminista Africano tuvo lugar en Accra, Ghana, del 15 al 19 de noviembre de 2006. Asistieron a él más de 100 mujeres activistas africanas, para fortalecer la oleada feminista africana en el continente (Foro Feminista Africano, 2006). Ahí escribieron una carta a la que llamaron “Principios Feministas para las Feministas Africanas”, en el que se enfatiza que «nuestras luchas actuales como feministas africanas están directamente vinculadas a nuestro pasado como continente, a los contextos precoloniales, a la esclavitud, la colonización, las luchas de liberación, el neocolonialismo, la globalización… Los Estados africanos modernos se construyeron a espaldas de las feministas africanas, que lucharon junto con los hombres para la liberación del continente» (Atalayar, 8 de junio de 2019).

Durante los últimos veinte años las feministas africanas han conseguido hacerse, poco a poco, hueco en la esfera de los derechos, debido a que muchos países han conseguido una gran estabilidad política. La ONU  informa que la presencia de la mujer en toma de decisiones políticas sigue siendo escasa, pero África, que cuenta de media con un 26% de mujeres miembros en parlamentos nacionales, tiene el privilegio de tener el país con uno de los parlamentos con más mujeres en él del mundo: Ruanda. El parlamento ruandés acoge a un 61,3% de mujeres (Atalayar, 2019).

En Kenia, en la Asamblea Nacional, sólo hay un 19% de representación femenina, mientras que en el Senado es del 27%. La Constitución de 2010 declara que en este tipo de organismo no puede haber más de dos tercios de representantes del mismo género, pero a pesar de esa norma, el país no la pone en práctica; Marilyn Kamuru, feminista keniana, dijo “todas estas son solo muestras de un patriarcado irracional” (Atalayar, 8 de junio de 2019). La activista, escritora y analista política keniana Nanjala Nyabola también comentó que “mientras que en la esfera pública todavía se silencia la voz de las mujeres, los espacios digitales hacen posible que las mujeres griten al vacío”. Nyabola escribió un libro digital llamado “Digital Democracy Analogue Politics”, que habla sobre cómo la era de Internet está haciendo enormes transformaciones en Kenia (Atalayar, 8 de junio de 2019).

Internet es una red que está creciendo cada vez con mayor fuerza, por lo que es una herramienta de gran poder para dar voz a grupos minoritarios de todas partes del mundo. Los colectivos feministas africanos son cada vez más propensos a organizar protestas, y las redes sociales son uno de los lugares donde más podemos ver esto. En marzo de 2019, muchas feministas kenianas organizaron varias marchas contra el aumento de feminicidios, utilizando en internet el hastag #TotalShutDownKe (Atalayar, 2019).

La situación de las mujeres en Kenia es realmente alarmante; una asociación llamada “Missing Voices” fue creada para registrar y visibilizar la violencia que se sufre en el país. Las mujeres kenianas representan un tercio de la población asesinada y desaparecida a manos de la policía; uno de los últimos casos fue el de la activista Caroline Mwatha, que desapareció y días después apareció muerta en un depósito de cadáveres (Gómez, 2020). A causa de esto, muchas mujeres se echaron a la calle para denunciar la situación que viven día a día en sus calles. El hecho de que las mujeres sean las mayores víctimas en cuanto a la violencia que se sufre en el país, también por parte de abusos policiales, fue lo que las empujó a liderar la marcha organizada contra la violencia en el lugar (Gómez, 2020).

Además de eso, durante el 8 de marzo de 2019 más de cien mujeres se manifestaron en Nairobi contra la violencia machista, usando el lema “Humanizar los cuerpos de las mujeres negras” y exigiendo al gobierno de Kenia que se implementaran normas contra la violencia hacia las mujeres (La Vanguardia, 2019). Vivian Ouya, abogada keniana y coorganizadora de la protesta declaró que «Salimos a la calle como feministas porque nos matan cada día, pero no existe una conversación sobre ello en las instituciones. Queremos inyectar el feminismo en la discusión pública porque, mientras sigan sentados, más mujeres seguirán muriendo» (La Vanguardia, 2019). Personajes importantes de Kenia como la diputada del Parlamento keniano Esther Passaris asistió a la marcha, lanzando un mensaje al presidente del país, Uhuru Kenyatta, hijo de Jomo Kenyatta, considerado el padre de la independencia de Kenia por su activismo en la liberación de Kenia. La diputada afirmó que las mujeres kenianas necesitan protección, ya que sufren violencia física y emocional. La iniciativa “Counting Dead Woman Kenya”, encargada de contar los feminicidios ocurridos cada año en el país, aseguró que sólo en enero y febrero de 2019 en Kenia había habido 25 feminicidios (La Vanguardia, 2019). Las manifestantes demandaron un plan nacional de acción contra el feminicidio y la violencia contra la mujer, como hicieron en febrero de 2018 el gobierno de Sierra Leona; además, se exigió una reforma de los departamentos de género de las comisarías, que en su mayoría incluían a hombres y esto era problemático a la hora de denunciar violaciones según las activistas (La Vanguardia, 2019).

Una activista masái llamada Nice Leng’ete, cuyo activismo ha estado vinculado contra la mutilación genital femenina (MGF), considera que el feminismo debe incluir a todas las mujeres africanas, independientemente de su clase social, situación académica o formación (Escudero y Martínez, 2019). Según Leng’ete, el movimiento feminista debe incluir a aquellas mujeres que no han ido a la escuela o aquellas que creen que por ser mujeres no pueden conseguir lo que ellas quieren; el movimiento feminista ayudaría a estas mujeres a empoderarlas y a que conocieran sus derechos (Escudero y Martínez, 2019). Leng’ete es una de las personas más influyentes según la revista “Time” en 2018, que se negó dos veces a que se le realizará la MGF, la primera vez a la edad de 8 años. Es una embajadora de la ONG “Amref Health Africa”; gracias a su trabajo, ha salvado a unas 15.000 niñas de la MGF y el matrimonio infantil en Kenia, «Las niñas, no solo en África sino en todo el mundo, tienen que saber que son las mujeres del futuro tienen que entender que son bonitas, seguras, inteligentes y valientes; y que nada debería impedirles ser la mujer que quieran ser» (Escudero y Martínez, 2019).

En la última década la violencia hacia las mujeres y niñas ha mejorado en número, pero la realidad que sufren miles de kenianas hoy en día sigue siendo preocupante. “El 21 % de las mujeres entre 15 y 49 años han sufrido la mutilación genital y se calcula que el 20 % de las adolescentes entre 15 y 19 años son madres o están embarazadas” (Escudero y Martínez, 2019); no sólo eso, sino que el 23% de mujeres entre los 20 y 24 años fueron obligadas a contraer matrimonio antes de cumplir la mayoría de edad. Dada la gran preocupación respecto a la seguridad de las mujeres, en 1990 Rebecca Lolosoli, luchadora y ejemplar defensora de los derechos de las mujeres, creó la aldea Umoja para mujeres, a la cual está prohibida la entrada de los hombres (Pérez, 2018).

En Wamba, distrito de Samburu, las mujeres son propiedad de sus maridos, por lo que si alguna es violada, maltratada o asesinada no se hace nada ni social ni judicialmente. Además, Wamba fue durante varias décadas lugar de entrenamiento del ejército británico, los cuales fueron los responsables de violar a 1400 mujeres (Casa África, s.f.). Lolosoli decidió crear la aldea una vez que se puso en pie contra estos actos de violencia machista; su acto de valentía fue mal visto por la mayoría de los hombres del pueblo, por lo que fue repudiada, además de que su marido no hizo nada por ayudarla, lo que provocó que se divorciara de él. Junto a 16 mujeres que fueron violadas se encaminó a crear Umoja, cuyo significado en swahili es “unidad” (Casa África, s.f.). El poblado se encuentra a casi 400 kilómetros de Nairobi, en una zona muy árida que complica la forma de vivir, pero en la que hoy en día conviven 50 mujeres y unos 200 niños que acuden al colegio, donde aprenden a leer, escribir y otros conocimientos. Umoja se mantiene gracias a la promoción turística que hicieron del lugar, además de la confección de joyas artesanales que venden en su página web[1] (Casa África, s.f.). En esta aldea viven tanto mujeres separadas, como violadas, viudas, que han sido torturadas o madres solteras, que luchan codo con codo contra la violencia hacia las mujeres, la MGF y los derechos de las mujeres (Vital Voices, s.f.). “En 2010 recibió el premio Global Leadership Award de Vital Voices, una ONG estadounidense que visibiliza y trabaja con mujeres líderes en las áreas de empoderamiento, economía, participación política de las mujeres y derechos humanos” (Casa África, s.f.).

Rebecca Lolosoli. Fuente:
https://twitter.com/umojawaso/media

Por lo que hemos podido ver, todavía queda mucho por hacer para que las mujeres puedan tener los mismos derechos que los hombres, sobre todo en Kenia, que se caracteriza por ser uno de los lugares con más violencia ejercida hacia mujeres. Por suerte, los movimientos feministas africanos son cada vez más poderosos, y cada vez más niñas y mujeres se suman a la causa; no sólo eso, sino que, como hemos podido ver, incluso feministas que no pertenecen a África tratan de dar voz a esas voces silenciadas, siendo parte de esta ola feminista que trata de llegar a cada zona del continente africano. El hecho de ver que Ruanda cuenta con el parlamento en el que más mujeres hay en el mundo es un aspecto muy positivo que debemos remarcar, sólo queda tratar de empujar que esas políticas de igualdad de género se expandan por el resto del mundo.


[1]http://www.umojawomen.net/

Referencias

Atalayar. (8 de junio, 2019). Movimientos feministas en África. Atalayar. Recuperado de https://atalayar.com/content/movimientos-feministas-en-%C3%A1frica

Casa África. (s.f.). Rebecca Lolosoli: Incansable luchadora y ejemplar defensora de los derechos de las mujeres, para las cuales creó Umoja, poblado y refugio para mujeres maltratadas. Casa África. http://www.casafrica.es/es/persona/rebecca-lolosoli

Escudero, I. y Martínez, P. (8 de marzo, 2019). Nice Leng’ete: “El feminismo debe incluir a las mujeres africanas de a pie”. La Vanguardia. Recuperado de https://www.lavanguardia.com/vida/20190308/46914915046/nice-lengete-el-feminismo-debe-incluir-a-las-mujeres-africanas-de-a-pie.html

Gómez, S. (16 de septiembre, 2020). Las mujeres lideran el movimiento contra la violencia en Kenia. Diario Feminista. Recuperado de https://eldiariofeminista.info/2020/09/16/las-mujeres-lideran-el-movimiento-contra-la-violencia-en-kenia/

La Vanguardia. (8 de marzo, 2019). Más de cien mujeres se manifiestan contra la violencia machista en Nairobi. La Vanguardia. Recuperado de https://www.lavanguardia.com/vida/20190308/46913253777/mas-de-cien-mujeres-se- manifiestan-contra-la-violencia-machista-en-nairobi.html

Pérez, V. (12 de agosto, 2018). Umoja, la aldea prohibida para los hombres. Mujeres nómadas

http://www.mujeresnomadas.com/umoja-la-aldea-prohibida-para-los-hombres/

Vital                    Voices. (s.f.).        Rebecca                 Lolosoli.     Vital     Voices     Global Partnership https://www.vitalvoices.org/people/rebecca-lolosoli/

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Andrea Aparicio Merideño. Estudante de Antropoloxía Social e Cultural na Universidade de Granada. Interesada en cuestións de xénero.

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