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Ana y Mia, amistades letales

Ana y Mia, amistades letales 

En Europa entre el 10% y el 15% de los adolescentes sufre un trastorno de la conducta alimentaria (TCA). La apología del cuerpo perfecto en webs y redes sociales conlleva un incremento de los casos

Redacción y fotografía Claudia Rodríguez Costas. 16/04/2020

¿Son los TCA un tema tabú?

– “En la sociedad en la que vivimos cualquier enfermedad mental es un tema tabú, así que sí, por supuesto”.

Marta Piedra denuncia de este modo la opacidad en torno a los trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Ella superó en su juventud la anorexia y la bulimia; y ahora a través de su trabajo de ilustradora e influencer aporta su granito de arena contra el desconocimiento. Los TCA son alteraciones del comportamiento habitual en las cuales existe una mala relación con la comida, ya sea por exceso o por defecto. Los más comunes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. No existen cifras oficiales pero la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB) estima que el 5% de la población femenina española sufre algún trastorno alimentario. Los datos abarcan solo a las mujeres porque representan nueve de cada diez casos, siendo las adolescentes el colectivo más vulnerable, que alcanza aproximadamente a 1.185.500 pacientes.

Los pacientes de TCA son en nueve de cada diez casos mujeres, afectando al 5% de la población femenina española.

Los primeros episodios se suelen dar en la adolescencia, porque es la etapa en la que más disminuye el autoestima. Te importa más la opinión de los demás y tienes más conflictos a todos los niveles”, asegura Rosalía Campos, psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria. “La anorexia es muy sofisticada; es muy raro que aparezca antes de la pubertad […] a partir de los 30 años son también casos raros, pero muy complejos; cuanto mayor es el paciente, más difícil es el tratamiento”, informa Felipe Casanueva, jefe de endocrinología del Hospital Provincial de Conxo de Santiago de Compostela, en una entrevista para La Voz de Galicia[i]

La edad media de los pacientes españoles con un TCA es de entorno a los 15 años y el sexo femenino es mayoritario. Esta tendencia no se ha revertido pero la adolescencia se está adelantando y con ella la edad de los primeros episodios. El aumento de los pacientes hombres es también palpable; aunque entre ellos el desorden más común es la vigorexia, consecuencia de los diferentes cánones de belleza. Existen además factores socioeconómicos y culturales determinantes. “Los TCA son más comunes en medio urbano y en clase social medio-alta”, indicó Campos. Esta peculiaridad se debe a los diferentes valores estéticos predominantes en la urbe y en una mayor significación del aspecto físico en las ciudades. Asimismo la cantidad de comida consumida en los atracones, los alimentos asociados a desórdenes como la ortorexia y los suplementos alimentarios comunes en la vigorexia suelen tener precios elevados.

Datos extraídos de ACAB a partir de una encuesta realizada a 777 adolescentes de entre 12 y 16 años de marzo a junio de 2019. (Elaboración propia).

 En la sociedad actual existen valores que relacionan directamente la apariencia física con el éxito de una persona. El culto al cuerpo conlleva en ocasiones una bajada de la autoestima y una distorsión de la imagen corporal. Con todo, es necesario entender que los problemas físicos y la obsesión por la estética son solo la punta del iceberg de un trastorno alimentario. Se trata de problemas asociados a la salud mental que necesitan de un tratamiento multidisciplinar para ser superados. 

Sin filtros contra Ana y Mia

Si mascas chicle se te quita el hambre […] si tienes hambre te bebes un vaso de vinagre […] come mirándote al espejo, preferentemente desnudo o con muy poca ropa […] si vas a vomitar puedes poner música fuerte, así evitarás que te escuchen”. Estos son algunos de los “consejos” que ofrecen cerca de cuatro millones de publicaciones, según datos de la Agencia de Calidad de Internet. Bajo las etiquetas #Ana y #Mia se esconde la apología de la anorexia y la bulimia en webs que abordan los TCA no como enfermedades mentales sino como estilos de vida. Ana y Mia son presentadas como dos amigas telemáticas que aconsejan como bajar de peso, dan trucos para ocultar la enfermedad o incitan al autocastigo. Seis de cada diez jóvenes afectados reconocen haber usado alguna de estas webs; y a pesar de estar en tratamiento uno de cada cuatro sigue consultando estas publicaciones con forma de blogs, chats, foros, apps o perfiles de redes sociales.

Las redes sociales sirven de canal para establecer cánones de belleza y vida perfecta que llevan a escoger como modelo vital algo inalcanzable. Los contenidos publicados que fomentan la anorexia y la bulimia han aumentado un 470% en los últimos cinco años, según un Informe de la Agencia de Calidad de Internet. Instagram y Facebook ya han endurecido las medidas para combatir estos perfiles e implantan la censura de determinadas imágenes. Sin embargo, la falta de legislación dificulta el control. “Cerrar un blog resulta imposible, porque aunque lo cierres se puede abrir al día siguiente. Además descubrimos que en algunos casos estaban detrás empresas de fármacos para adelgazar que juegan con gente enferma”, reveló la psicóloga.


Se estima que con el apogeo de Instagram los TCA han crecido cerca de un 15%.

El vacío legal a nivel estatal lleva a cada comunidad autónoma a adoptar las medidas necesarias de manera independiente. Cataluña es pionera y ya multa a páginas que hacen apología de la anorexia y la bulimia en internet y redes sociales. La medida se aprobó en 2019 a través de un Decreto ley que modifica el Código de Consumo de Cataluña. Políticos, como la ex eurodiputada Beatriz Becerra, también han puesto voz a esta difícil lucha. La realidad española contrasta con los avances adoptados en países como Alemania y Francia, donde se contemplan penas de hasta un año de cárcel y sanciones de 10.000 euros. Marta Piedra cree que todavía hay mucho que hacer y mucho que visibilizar “para poder contrarrestar el daño que se hace con las terribles publicaciones y cuentas pro anorexia y bulimia”.

Existe una línea de ayuda disponible tanto para menores, como padres, educadores u otros perfiles. Quien la solicite llamando al 017o a través de un formulario online recibirá la asistencia de un equipo multidisciplinar de forma gratuita y confidencial. Este servicio a cargo del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital junto con el Instituto Nacional de Ciberseguridad atiende diferentes cuestiones relacionadas con malas praxis o el acoso a través de internet.


Eugenia Cooney en uno de sus vídeos publicados en Youtube. (Captura de pantalla).

La incapacidad de las autoridades competentes se pone de manifiesto con casos como el de Eugenia Cooney. Esta joven estadounidense muestra su extrema delgadez y síntomas claros de desnutrición a través de Youtube, donde acumula más de dos millones de subscritores. En 2017 se inició una campaña en change.org para cerrar su canal, pero no obtuvo ningún resultado ya que sigue abierto y el número de seguidores se incrementa diariamente. La psicóloga Rosalía Campos también pone el foco de discusión en muñecas con talles anoréxicos como las Brazt, “denunciamos que se les inculque a las niñas ese cuerpo”, aseveró.

Conocer las características de las páginas pro Ana y Mia es útil para poder identificarlas y denunciarlas. En ellas es común el uso de terminología específica, además de los eufemismos Ana y Mia hablan de purgas en vez de vómitos y sus seguidores se suelen agrupar bajo los apodos de princesas y príncipes. Es característico también de estos contenidos la cercanía con los usuarios, por lo que suelen estar escritos en primera persona. A menudo incluyen tablas de medidas y fotografías de cambios de peso, así como motivación y retos como “las carrearas de kilos”, bajadas de peso en tiempo récord, u “hoja A4” que consiste en conseguir que la cintura sea más estrecha que el ancho de un folio. Igualmente fomentan la sensación de pertenencia a un grupo que se identifica por ejemplo con pulseras en la muñeca izquierda de color morado en caso de sufrir bulimia o de color rojo en el caso de la anorexia.

La importancia de la prevención

La educación es un punto fundamental en la lucha contra los TCA. Visibilizar, desmentir mitos y desmontar estereotipos es imprescindible para la prevención. “Falta un montón de información, las charlas son insuficientes y es un problema muy común. A los niños hablarles de la propia enfermedad puede incluso incitarles por lo que se trabaja más con juguetes y desmontando estereotipos de género”, señala Campos.

La Xunta de Galicia realizó una campaña de concienciación sobre TCA en el año 2007 pero no obtuvo gran repercusión

“Se invierte más en una campaña política que en ayudar a las personas que viven una terrible realidad cada día de su vida

Prevenir desde el colegio para fortalecer la actitud de los niños, inculcar hábitos saludables y ofrecer herramientas para no caer en la enfermedad es primordial para contrarrestar el daño que provocan las webs y las redes sociales. “Cualquier ayuda es poca, cuantas más campañas mejor. Sin embargo, tengo la sensación de que se invierte más en una campaña política que en ayudar a las personas que viven una terrible realidad cada día de su vida”, manifiesta Marta Piedra.

No existe una especialización profesional para tratar los trastornos de la conducta alimentaria, “como psicólogo es difícil formarte

A pesar de las elevadas cifras no existe una formación orientada a tratar pacientes afectados por TCA. Nutricionistas y psicólogos trabajan en colaboración para especializarse y en la Comunidad de Madrid ya se ha planteado instruir a farmacéuticos para convertirles en agentes de prevención. “No hay un máster para especializarse, como psicólogo es difícil formarte en TCA”, declaró Campos.

Cuando los TCA se hacen públicos

A pesar de que los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades mentales muy recurrentes hay cierto grado de desconocimiento. Según la psicóloga clínica Rosalía Campos existe estigma, “los pacientes de TCA son personas absolutamente normales que destacan en un montón de cosas pero que han pagado sus emociones y su falta de control con la comida en un deseo de mejora y perfección”.

“Lo que gusta es el cotilleo y el morbo”.

La transparencia es el primer paso para romper los estereotipos. Sin embargo, el tratamiento informativo de los TCA es escaso y a menudo inadecuado, los reportajes y documentales incluso comparten espacio con publicidad de productos adelgazantes. Han sido muchas las famosas que reconocieron sufrir un trastorno alimentario, entre ellas Demi Lovato, Marykate Olsen, Lady Gaga o en su día Diana de Gales. No obstante, el trato inapropiado de sus confesiones hace que sean contraproducentes y contribuyan más al sensacionalismo que a la normalización. “Fuera del ámbito de la prensa rosa pocas veces se trata el tema”, “creo que vivimos en un mundo en el que lo que gusta es el cotilleo y el morbo y enterarse de que la famosa X padece o ha padecido anorexia y/o bulimia a la gente le encanta”, opina Marta.

En el lado opuesto encontramos diversas campañas contra la anorexia, por ejemplo la de la firma de moda italiana Nolita que presentó en sus anuncios la crudeza de la evolución de la enfermedad. También iniciativas individuales: Little Shady concursó en el programa televisivo “Got Talent” cantando un rap de concienciación contra la anorexia, la adolescente Anna Riera propulsó una campaña con la que consiguió que la firma Zara fabricase la talla XXL y retirara unos maniquíes extremadamente delgados de sus tiendas y la periodista norteamericana Sheila Himmel puso voz a la superación contando en un reportaje, y posteriormente en un libro, la experiencia de su hija anoréxica y la suya como madre.

Conociendo los TCA

Signos de alarma

Una rápida recuperación necesita un diagnóstico precoz por ello es vital conocer los signos de alarma y acudir a un profesional cuando se detecten. La psicóloga Rosalía Campos señala que algunos comunes a todos los trastornos alimentarios son: un cambio de comportamiento con los amigos, un empeoramiento en los estudios, alguna obsesión, comer diferente, si al acabar de comer se va al baño, un aumento considerable del tiempo de arreglarse o un bajón en el estado de ánimo. Campos también apunta que existen trastornos comórvidos a los mismos; los más comunes son la ansiedad, la depresión y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), además son corrientes los trastornos de la personalidad.

“En mi caso se sintieron antes los cambios conductuales que los físicos, cuando estos comenzaron a notarse el problema ya era grave”.

Cada persona se comporta de forma distinta, en mi caso me volví muy introvertida. No quería estar con gente y dibujaba compulsivamente mujeres extremadamente delgadas. Además todo se vio agravado por una depresión bastante severa. Creo que en mi caso se sintieron antes los cambios conductuales que los físicos, cuando estos comenzaron a notarse el problema ya era grave”, detalla Marta.

Recomendaciones para progenitores Los expertos aconsejan a los padres seguir una serie de pautas preventivas:Revisiones médicas periódicas para controlar posibles bajadas de peso.Educar prevaleciendo otros valores sobre los estéticos y evitar presiones y estereotipos.Controlar cambios en la personalidad y el comportamiento.Informarse.Controlar y prestar atención a desajustes alimentarios como seguimiento de dietas.Favorecer un clima familiar adecuado y fomentar la comunicación con los hijos.Hacer una comida diaria en familia.Evitar la sobreprotección.

¿Es posible superar un TCA?

Los trastornos alimentarios afectan física y psicológicamente a las personas que los padecen, en consecuencia para poder superarlos es necesario seguir un tratamiento multidisciplinar. Además cuanto más crónico sea el problema mayor será la duración del proceso, de ahí la relevancia de un diagnóstico precoz. Rosalía Campos sugiere como ideal una terapia con dos pilares: trabajar la parte cognitiva, basada en interpretar de otra manera los pensamientos distorsionados, irracionales, automáticos y negativos; y tratar el problema desde una perspectiva conductual para vencer el aislamiento, la tendencia a ser personas sumisas en el caso de la anorexia y la inestabilidad emocional en el de la bulimia. También contribuyen a una evolución positiva la terapia familiar y en grupo, “que ayuda al paciente a sentirse comprendido”.

Marta pone el énfasis en combatir la soledad y cuenta su experiencia personal: “Para salir del pozo pasé casi cuatro años de mi vida esforzándome cada día por no juzgarme y tratando de ser un poco más benévola conmigo misma. Creo que en los casos de TCA hay que tratar tanto lo psicológico como lo físico”. La ilustradora recalcó una vez más el papel de la enseñanza, “me parece muy importante que dentro de la educación de los más peques se incentive el autoconocimiento, la inteligencia emocional, el deporte y la nutrición”, sostuvo.

En Barcelona ensayan terapias de estimulación cerebral profunda en los pacientes graves que no responden a los tratamientos.

La aplicación de terapias experimentales vislumbra cierta luz sobre los pacientes que no responden a ninguno de los tratamientos suministrados. En el Hospital del Mar de Barcelona ensayan una terapia basada en la estimulación cerebral profunda, una técnica neuroquirúrgica que consiste en enviar impulsos eléctricos desde una batería colocada bajo la piel a unos electrodos situados en zonas estratégicas del cerebro. La investigación también abre nuevos campos de actuación, un estudio clínico publicado el año pasado relaciona directamente el metabolismo con la anorexia nerviosa demostrando que no es solo una enfermedad mental sino una patología psiquiátrico-metabólica.

Público vs. Privado

Familiares de enfermos denuncian el peregrinaje por las diferentes especialidades y la falta de atención proporcionada por la Seguridad Social para el tratamiento de los trastornos de la conducta alimentaria. A la pregunta de si es elitista la situación Marta responde claramente:

“Creo que sí. En mi caso desde luego nunca pudimos acudir a clínicas públicas. Pareciera que los TCA estuvieran reservados para la gente con dinero”.

En el caso de ser necesaria la hospitalización los pacientes con TCA suelen rebotar de departamento en departamento. Su cuidado depende de la comunidad autónoma de residencia, las más preparadas cuentan con unidades especializadas mientras que las más atrasadas condenan a los enfermos a una odisea por el entramado del sistema sanitario. Madrid, Cataluña, Castilla La Mancha y la Comunidad Valenciana son referentes, por el contrario Andalucía y Canarias están en la cola.

En el Servizo Galego de Saúde (Sergas) existen diferentes dispositivos para tratar los TCA según su grado de gravedad. En los últimos años se han atendido a casi una centena de pacientes anuales, más del 60% por anorexia. Sin embargo, solo existe una Unidad de Desórdenes Alimentarios (UDAL) en el Hospital Provincial de Conxo de Santiago de Compostela, destinada al tratamiento de casos de alta complejidad. El equipo profesional de la UDAL integra especialistas de endocrinología, psiquiatría y psicología que aplican un sistema avanzado en el que el alta médica se da de media a partir de los cinco años y que atiende a pacientes desde los nueve a los 65.

La UDAL está en funcionamiento desde 1996 e ingresa una media de 25 pacientes anuales.

La imposibilidad de la sanidad pública para atender a todos los pacientes conlleva que las asociaciones sin ánimo de lucro sean en muchos casos determinantes. Estas no solo ofrecen intervención terapéutica sino también servicios de comedor y asesoramiento nutricional con soporte psicológico, terapia ocupacional, ludoterapia, yoga, diversos talleres y actividades de diferente índole, así como ayuda a familiares, educación preventiva y formación a profesionales entre otras prestaciones.

Aproximación a la anorexia

La anorexia nerviosa es el TCA más frecuente. Se trata de un trastorno que se caracteriza por una bajada acusada de peso, una idea sobrevalorada de la delgadez y un deseo constante de seguir adelgazando. Una de cada cien adolescentes españolas sufre anorexia nerviosa según datos de la Cruz Roja y cerca del 5% de los pacientes fallece, siendo el mayor porcentaje de mortalidad de una enfermedad mental. Uno de cada cinco decesos relacionados tiene como causa el suicidio, teniendo lo enfermos de esta patología una tasa de suicidio 57 veces más elevada que la población general según el neurólogo Dick Swcad. A pesar de que la mayoría de los pacientes consigue curarse tras someterse a tratamiento el 30% de los casos de anorexia nerviosa se convierten en crónicos.

La anorexia tiene la tasa de mortalidad más elevada de las enfermedades mentales con un 20% de suicidios.

Los problemas físicos derivados más comunes en los anoréxicos son la desnutrición, la caída del cabello; el crecimiento de lanugo, vello corporal que aparece a causa de los cambios hormonales, problemas en la columna vertebral, migrañas, hipotermia, úlceras y amenorrea o pérdida del ciclo menstrual. Algunos criterios diagnósticos de este trastorno pueden ser presarse continuamente, hacer mucho deporte o el aislamiento social.


En la anorexia detrás del comportamiento con la comida suele haber una mala gestión emocional que se manifiesta en forma de ansiedad o depresión.
¿Por qué yo? Toro y Vilardell definieron en 1987 tres tipos de factores que favorecen la aparición de la anorexia:   Factores predisponentes: presentes mucho antes del primer episodio y que aumentan la vulnerabilidad, como ser introvertidos, ser mujer y adolescente, presentar síntomas de depresión o ansiedad o malas relaciones familiares y sociales.   Factores precipitantes: aparecen en los meses inmediatamente anteriores al primer episodio. Los más comunes suelen ser el divorcio de los progenitores, pérdidas de amistades, una ruptura sentimental o los signos físicos típicos de la pubertad.   Factores mantenedores: contribuyen al prolongamiento de la enfermedad, como la presión de la familia para comer, el aislamiento social o la hinchazón que provoca una distorsión del peso real.

Conociendo la bulimia

La bulimia nerviosa es el segundo TCA con más afectados. Comparte con la anorexia la idea sobrevalorada de la delgadez pero es un perfil más impulsivo, la restricción de alimentos se combina con atracones y posteriores purgas de vómitos. Además, los bulímicos suelen tener un normopeso o sobrepeso por lo que no es tan evidente a simple vista.

Durante los atracones los bulímicos suelen comer los alimentos que en el día a día se prohíben por ser híper calóricos.

Un enfermo de bulimia adopta ser sumiso, incapaz de pedir lo que quiere y de expresar sentimientos negativos. El autodesprecio y el tormento que le suponen los atracones de comida y las posteriores purgas le conducen a llevar una doble vida entre el yo ideal y el yo real lo que le provoca una inestabilidad emocional constante. La persona con bulimia se caracteriza además por la búsqueda constante de la perfección lo que le produce una fuerte frustración que refuerza sus sentimientos de inutilidad. Todo ello les conduce a ser muy dependientes de los demás y puede derivar en comportamientos infantiles e inmaduros o llamadas de atención.

Una persona con bulimia suele tener un perfil psicológico inestable y sumiso

Cifras de frecuencia para determinar la gravedad

Existen unas cifras predeterminadas de episodios compensativos inapropiados de la comida para determinar el grado de gravedad de la bulimia. De uno a tres episodios semanales se considera leve, de cuatro a siete moderado, de ocho a 13 grave y de 14 en adelante estado extremo.

El tercer gran trastorno

El tercer TCA más común es el trastorno por atracones. Se caracteriza por episodios recurrentes de atracones pero esta vez sin purga. Es bastante frecuente pero también desconocido ya que se tiende a confundir con la bulimia. Para comprender este trastorno es preciso conocer el término de hambre emocional que define el hecho de compensar pensamientos negativos con atracones de comida. Las emociones más comunes vinculadas al hambre emocional son la tristeza, la soledad, la ansiedad, el aburrimiento… asociadas a su vez a pensamientos distorsionados del tipo “nadie me quiere”. Aprender a gestionar estos sentimientos negativos sin recurrir a la comida es la base para superar el trastorno por atracones.

El concepto de hambre emocional hace referencia al hecho de compensar la tristeza o el aburrimiento con la ingesta de comida.

Para mejorar la relación con la comida es necesario comprender lo que nuestro cuerpo y mente necesitan. Jan Chozen Bays en su libro “Comer Atentos” recoge siete tipos de hambre que son percibidos por las personas como sensaciones, pensamientos o emociones.

Entre los problemas psicológicos y sociales asociados a los atracones los más comunes son hacer una dieta restrictiva, la sobreingesta general, es decir picotear entre horas en exceso y los problemas derivados del estado de ánimo y las relaciones interpersonales, tales como ansiedad, depresión, baja autoestima o sentirse infravalorado. Las preocupaciones en torno a la apariencia y el peso son el denominador común de todos los TCA, sin embargo los estudios realizados hasta el momento no lo consideran un factor desencadenante de los atracones.

Tipos de hambre que podemos percibir. (Clasificación de la profesora Jan Chozen Bays. Datos recuperados de ADAMIA psicología. Elaboración propia).

Trastornos infantiles

Existen también trastornos de la conducta alimentaria propios de los niños, los más comunes son la pica y la rumiación. La pica se caracteriza por el apetito de comer materias extrañas como tierra o lápices y la rumiación por tragar y regucitar la comida.

Cuadros obsesivos

A menudo escuchamos los términos trastorno y desorden alimentario pero, ¿existe diferencia entre ambos? Lo cierto es que sí, un desorden es la presencia de una mala relación con la comida pero no implica la repercusión psicológica propia de los trastornos. Entre los desórdenes de gran impacto se encuentran la vigorexia y la ortorexia, ambos cuadros obsesivos.

La ortorexia se puede dar en casos de bulimia y anorexia pero también de manera aislada.

La vigorexia es una obsesión por el deporte que suele conllevar la ingesta de suplementos alimenticios ya sean proteicos, energéticos, hormonales o de otro tipo. Se da con mayor frecuencia en hombres que en mujeres como consecuencia de los diferentes cánones de belleza. Por su parte, la ortorexia es la obsesión por los alimentos que el paciente considera sanos, tales como ensaladas o verduras y los famosos superalimentos, término empleado para denominar alimentos que aparentemente proporcionan numerosos beneficios para la salud por su alta densidad nutricional. La publicación en redes sociales de imágenes de comida “perfecta” incita la búsqueda de una “comida ortoréxica”, aumentando el número de afectados, confirmó Campos.

¿Es la obesidad un TCA?

La obesidad no se recoge como un trastorno de la conducta alimentaria aunque en algunos casos sí que requiere tratamiento psicológico. La terapia es necesaria cuando la obesidad lleva años de evolución, cuando el hambre emocional es constante, cuando la persona nunca se sacia o cuando la enfermedad conlleva problemas sociales y/o familiares, además de psicológicos tales como inseguridad o depresión.

Por consiguiente, no todas las personas con obesidad requieren tratamiento psicológico pero en algunos casos una intervención desde la psiconutrición ayuda en gran medida a mejorar la vida del paciente.

La vigorexia, la ortorexia y la obesidad no están considerados trastornos de la conducta alimentaria sino desórdenes alimentarios.

Mitos sobre la anorexia y la bulimia

Los trastornos alimentarios afectan a un elevado número de personas, sin embargo los dos más frecuentes, anorexia y bulimia, acarrean una serie de prejuicios respaldados por el desconocimiento. Verdades a medias y falsas afirmaciones son un problema asociado a la totalidad de las enfermedades mentales y conducen a estereotipar a las personas que las sufren. El primer mito que podemos mencionar relacionado con estas patologías es el uso extensivo del adjetivo anoréxico a cualquier persona que haya bajado de peso o muestre una extrema delgadez.

Otra falsedad generalizada es que la anorexia es simplemente una obsesión con la comida y con adelgazar. En realidad acarrea muchos más problemas que los visibles como depresión, ansiedad, aislamiento social, bajo deseo sexual, desequilibrio hormonal o pérdida de autoestima. Tanto la anorexia como la bulimia tienen su origen en problemas psicológicos y es un grave error pensar que toda la enfermedad gira entorno a la comida. Además, una persona puede mostrar gran preocupación por su alimentación y por verse delgado y no presentar ningún signo de trastorno.

La tercera gran invención sobre los TCA es que son incurables. Existe una elevada cifra de personas con un trastorno alimentario que no quiere seguir ningún tipo de tratamiento. También pueden darse casos en los que no se acierte con la terapia y esta sea ineficaz, ya que se trata de problemas psicológicos complejos. En cambio, una tercera parte de los afectados que sí se esfuerza y compromete con la terapia consigue superar la enfermedad sin resquicios en el futuro.

Para luchar contra los trastornos de la conducta alimentaria son por tanto fundamentales tres factores: la educación como medida de prevención, la información para combatir falacias y estigmas sociales y un tratamiento multidisciplinar eficaz. Los TCA son enfermedades mentales de gran complejidad y es necesario tratarlos como tal, sobreponiéndose al sensacionalismo y al morbo.

[i] La Voz de Galicia. 2-2-2014. La nueva unidad de anorexia favorece ingresar a más varones. Ver https://www.lavozdegalicia.es/noticia/santiago/santiago/2014/02/02/nueva-unidad-anorexia-favorece-ingresar-varones/0003_201402S2C5991.htm

SOBRE LA AUTORA

Claudia Rodríguez Costas. Estudiante de último año de Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela. Experiencia como redactora en prácticas y futura alumna de un postgrado de marketing digital.

1 comment on “Ana y Mia, amistades letales

  1. HOla! te he leído y creo que, sobre este tema, puede gustarte mi última publicación en mi blog 🙂 Un saludo

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