Entrevistas Entrevistas escritas

Andrés Villena: “Es el ‘drama’ de la clase dominante, determinada desde la cuna a ser la gran captadora de plusvalías, la que adopta decisiones importantes, la que jamás será comprendida por el vulgo”

Entrevistamos a Andrés Villena Oliver (Elche, 1980), Licenciado en Economía y Ciencias de la Comunicación, estudió el máster en Sociología Aplicada y Sociología de los Problemas Sociales, y es doctor cum laude en Sociología por la Universidad de Málaga. Para quien no lo conozca, es el autor de uno de los ensayos más incisivos sobre nuestra oligarquía: Las redes de poder en España: élites e intereses contra de la democracia (Roca Editorial, 2019). Además, es un habitual colaborador en revistas como CTXT y Tinta Libre, y ha escrito para múltiples medios de comunicación (El Plural, Público, Informativos Telecinco, Huffington Post). Durante la entrevista, le hemos preguntado sobre un libro que recoge multitud de asuntos relacionados con el ejercicio del poder por parte de nuestras élites, y dado que estas no descansan, le hemos preguntado por la situación actual y el porvenir de la política española. Villena pone la cosa al desnudo, localizando sus raíces, destapando los condicionantes sociales e ideológicos perpetuados durante los sucesivos ejecutivos y detectando su influencia en el momento actual.

N.F: Antes de adentrarnos en las hipótesis interpretativas de tu libro, me gustaría empezar preguntándote acerca de tu biografía y del origen de este ensayo. El comienzo de Las redes de poder en España está en tu tesis doctoral en la Universidad de Málaga publicada en 2014, y en su posterior remodelación ¿Cómo se gobierna en España? La estructura de las élites gubernamentales en 2004 y 2012 (Comares, 2017). Has comentado en varias ocasiones algunas de las consecuencias que tuvo la elección de ese tema durante la elaboración de tu tesis. En El Boletín decías que se cerraron las puertas de la Universidad para ti y mencionabas cómo el director de tu máster renunció como primer director de tu tesis.

¿En qué momento se origina tu interés por este tema? ¿Qué evaluación haces de las consecuencias que tuvo su elección?

A.V: Mi tesis sobre la élite española fue una imposición del Departamento en el que estaba cursando el doctorado.

Me explico. Yo hacía un máster en la Universidad de Málaga y tenía un director de tesis. Al saber este (varios otros profesores numerarios le iluminaron al respecto) que yo había tomado parte en las asambleas del 15M en la Plaza de la Constitución, en Málaga, rechazó a gritos mi proyecto de tesis inicial. Este versaba sobre cómo algunos medios de comunicación, como El Mundo, habían manipulado el posible origen del atentado del 11M para que el Parlamento terminara discutiendo, en última instancia, sobre meros indicios cargados de sensacionalismo y así desgastar al primer ejecutivo de Rodríguez Zapatero. 

Mi director consideró que un hijo de catedrático de Universidad, como es mi caso, debía aspirar a ser lo mismo, esto es, catedrático, y que, irónicamente, podía hacer una tesis sobre las élites en España, sobre cómo lo político, lo empresarial y lo mediático se entrelazaban en el caso español. No tenía demasiada opción y mi beca, FPU, dependía de ello.

Así que comencé a leer sobre teóricos de la élite y a escribir una bibliografía, analizar perfiles de altos cargos… Cuando Rajoy, en 2012, forma su primer gobierno de tiburones, me lo pone muy fácil. A mi director, entonces, le nombran director del CIS y le digo, de broma, que va a formar parte del análisis. Unos meses después, y gracias al papel de una serie de personajes con mucho tiempo moral libre, este señor dejó de dirigirme la tesis. Cuando la hube leído, me dijo que no me querían allí. No me volvió a coger el teléfono y luego pasaron dos o tres cosas más, como que el premio extraordinario de tesis que se me había concedido apareció ‘desierto’ unos días después. Muy raro.

La tesis quedó escrita, el ensayo también, y después salió Las redes de poder en España, un libro de divulgación para que el autor no tuviera que callarse nada. Y, ahora, comenzamos con lo interesante.  

N.F: El abordaje de las relaciones entre el alto funcionariado del gobierno de Zapatero y el alto funcionariado del primer gobierno de Rajoy está acompañado por un inmenso ejercicio de hemeroteca, múltiples gráficos de redes y árboles genealógicos, y además recoge un amplio abanico de fuentes y documentos que van desde cartas a Hacienda hasta consultas al Congreso y el BOE. ¿Cuáles han sido las principales fuentes y métodos utilizados? ¿Ha resultado difícil el acceso a determinada información? ¿Es un campo de investigación restrictivo?

A.V: No. Cualquiera que tenga paciencia puede acceder a los contactos más básicos que articulan nuestras élites, y que convierten a nuestros gobiernos en clases dominantes temporales, es decir, dotadas de todos los recursos de poder necesarios para dominar la sociedad de manera democrática, constitucional, consentida. Ministros como Solbes o De Guindos, ambos Técnicos Comerciales Economistas del Estado (Tecos) –esto viene en el BOE–, han trabajado previamente con Felipe González o con José María Aznar y Rodrigo Rato, respectivamente. Esto sale en el mismo buscador del BOE. En el Registro Mercantil se puede ver el recorrido empresarial de De Guindos: Lehman Brothers, Nomura, Endesa, El Mundo… Si quieres bucear más por hemerotecas, te encontrarás que Solbes perteneció a la Comisión Trilateral durante un tiempo, igual que Miguel Sebastián. O que el hermano de Luis de Guindos, Juan, fue el presidente del Club de Tenis de La Moraleja. Pero esta última parte es menos sistemática.

Por supuesto, si tienes dinero para entrevistar a quien quiera prestarse, si tienes todo ese tiempo y financiación, puedes llegar a muchas más dimensiones sociales en las que las élites están conectadas: familiares, sexuales-íntimas, religiosas, sectas, clubes, masonerías… Pero, desde tu casa, con un portátil, puedes tejer redes parlamentarias, redes originadas en un partido político, redes de consejos de administración, redes de cuerpos burocráticos y redes de gobiernos pasados. Yo consideré que, para el tiempo que tenía, era más que suficiente. Aunque incompleto.

Una vez que tienes las fuentes viene lo difícil: ¿qué es una relación? Luis de Guindos e Íñigo Fernández de Mesa convivieron en Lehman Brothers durante varios años. Ahí hay un lazo en una dimensión empresarial de un valor de, no sé, tres años. Como ambos son Teco, pues ahí tienes otra coincidencia en otro ámbito de la vida social. Se trata de coger un gobierno, setenta altos cargos, de ministro a subsecretario, e ir viendo, dos a dos, cómo se relacionaron de manera previa al momento de formarse el ejecutivo. Parece una locura y lo es, porque requiere un trabajo extenuante, impensable. Pero, cuando lo has terminado, concluyes que nada ocurre por casualidad. Un gobierno es una clase dominante temporal formada por personas que cooptan y conectan grupos de poder clave, casi siempre de origen no electoral.

N.F: Augustí Colomines comentó una serie de estudios similares que guardaban dos diferencias fundamentales con el tuyo: un intento por parte de sus autores de neutralidad ideológica y una delimitación territorial del objeto de estudio distinta, en estos casos fijadas sobre Cataluña. El periodista menciona, por un lado, 6 milions d’innocents (menys uns quants espavilats) (La Campana, 1999), escrito por Francesc Sanuy bajo el pseudónimo de Col·lectiu J.B. Boix, y por otro, a David Jiménez en El director (Libros del K.O., 2019). En el final de su columna también recuerda a La gran teranyina. Els secrets del poder a Catalunya (Edicions del Periscopi, 2017) de Roger Vinton como uno de esos ensayos que pone el dedo en la llaga, de aquellos que explican y describen lo que Pierre Bourdieu denominó la “nobleza del estado”. En estas referencias se comentan las coacciones a las que están sometidos determinados trabajos periodísticos, los cuales, a menudo, acaban por someterse a los designios de los poderosos.

A priori, parece un campo de investigación poco explorado, constituido por un objeto de estudio muy fértil que puede abrir aportaciones de calado. Por añadir alguna más, conozco el estudio de Rubén Juste Ibex-35: Una historia herética del poder en España (Capitán Swing, 2017) que pienso que va en una línea similar. ¿Cuál es el estado de la investigación sobre las élites de poder en España? ¿Qué estudios consideras valiosos? ¿Qué opinión te merecen?

A.V: Respecto a la neutralidad ideológica: dicha neutralidad es precisamente eso, ideológica. Lo importante queda casi siempre fuera del encuadre de las cámaras. Cuando tu director de tesis, el que manda sobre ti, da dos gritos y tres golpes en una mesa y te dice que vas a hacer la tesis sobre un tema, pero con neutralidad ideológica, se está cargando todo tipo de neutralidad. Está eligiendo un tema por medio de la coacción y condiciona la neutralidad que va después: el doctorando, el investigador persigue la aprobación del tribunal. Creo que es mucho más honesto aspirar a contar una parte de la verdad, teniendo en cuenta que todos partimos de prejuicios.

Los estudios sobre poder comenzaron con Fermín de la Sierra muy pronto, en el primer franquismo, y con algunos autores como Ramón Tamames se ponen de manifiesto cuando la Dictadura está ya marchándose. Incluyendo, también, a Amando de Miguel en algunos de los mejores estudios. Después, en los ochenta, se escriben libros periodísticos contra la hegemonía socialista de Felipe González y el PSOE, y, cuando llega Aznar, llega la gran balsa de aceite. Parece que desde 1990 hasta el estallido de 2008, todo iba bien y la democracia era idílica.

Recientemente se han publicado estudios, como el de Rubén Juste, que utilizan métodos de Análisis de Redes Sociales para dar una base empírica a un relato muy potente. El maestro de todo esto, para mí, es el profesor Narciso Pizarro, vilipendiado por la Universidad española.

Sobre élites, en definitiva, hay elementos muy buenos, pero desperdigados. Quizá haga falta un recopilador, pero a ver a quién le interesa editar eso. Quizá a aquel que comentaba antes que golpeaba tanto la mesa… 

La tecnoestructura

N.F: Durante el ensayo se explican las principales características de las élites y se describe el proceso mediante el que estas se conforman, utilizando una serie de conceptos y marcos interpretativos. Entre estos conceptos aparece el de “tecnoestructura[i]”, acuñado por John Galbraith en los años 50, que designa a los segundos niveles de la Administración Pública (“mecánicos del estado”) y que aparece como una inteligencia organizada que funciona independientemente de los sucesivos gobiernos. La existencia de esta estructura emerge como un obstáculo para la realización de políticas en un sentido progresista, puesto que está estrictamente ligada a los consensos existentes. Por ejemplo, en la entrevista concedida a El Confidencial se comenta el caso de la regulación de las SICAV en la que el PSOE votó conjuntamente con CiU y ERC, con la única oposición de Ángel Pérez (IU), a favor de privilegios fiscales para las mismas. Aquí sacabas a colación las declaraciones de Paco de la Torre, que tildaban a esta reforma como “una amnistía fiscal encubierta” en la que de forma paralela al consenso del arco parlamentario había un número dos de la Comisión Nacional del Mercado de Valores que era gestor de una SICAV.

 La tecnoestructura posee un grado de determinación e importancia muy significativo en la toma de decisiones políticas, debido a que su componente de red imbrica a un conjunto de altas esferas de la sociedad bajo un mismo pensamiento gregario. De este modo, la tecnoestructura se pone simultáneamente al servicio del gobernante público y del privado, desarrollando “perfiles técnicos híbridos” (como el de Elena Salgado) con una movilidad danzante entre ambos sectores. Si pudiésemos abstraer la lógica primordial de esta tecnoestructura, sería que “si has sido útil para el sector público, lo serás también para el privado”.

¿Cuál es la razón de ser de las tecnoestructuras? ¿A partir de qué momento surgen? ¿Se pueden proyectar formas de organización del ejercicio del poder político al margen de las mismas? ¿Es un elemento necesario en todo supuesto? ¿Puede orientarse en un sentido progresista?

A.V: La razón de ser, desde una perspectiva oficial, dominante, convencional, es la denominada modernización. El hecho de que el capitalismo se burocratiza y necesita mecánicos que se reproducen socialmente a lo largo de las décadas, crean formas de proceder, lenguajes, prácticas, escuelas, redes. En España opera el mito del Plan de Estabilización, el reseteo económico del franquismo industrial, en 1959. Aquí, con los ministros tecnócratas del Opus Dei, España comienza a crecer a tasas muy altas. Todo lo demás parece importar menos y se crea un sentido común de modernización que consiste en que la Economía es para los técnicos, lo que no se cuestiona, precisamente igual que la Dictadura. Después, la Dictadura se retira, pero esa concepción de la Economía no. Y de economistas como Joan Sardá, que reorganizó el Banco de España viniendo del FMI, pasamos a Miguel Boyer, o a los actuales dirigentes del Banco de España.

Tecnoestructura es una red de personas que se suponen que saben de lo que hablan, pero eso de lo que hablan, en España, siempre ha sido bastante parecido y convergente con una élite empresarial que ha ganado mucho desde la victoria militar y desde el reseteo del Plan de Estabilización. Pero de estos altos funcionarios no te libras en ningún país, como afirma Ralph Miliband en su estudio El Estado en la sociedad capitalista. El Estado es un ente muy complejo por estudiar.

Oligarquía y élite burocrática en España

N.F: Esta élite burocrática, compuesta por la Abogacía del Estado, Técnicos Comerciales y Economistas del Estado, Inspectores de Hacienda, Jueces, diplomáticos, administradores civiles y demás, pasan por un proceso de oposiciones muy duro, lo que al mismo tiempo que limita el acceso formal al cuerpo también ayuda a conformar un determinado tipo de perfil. Esta reunión de “expertos” ha surgido con fuerza desde finales del siglo XX como una práctica necesaria desde los grandes capitales, los cuales han entendido la función hegemónica que pueden desempeñar: la dominación sobre los sectores sociales subalternos se asienta en el terreno de lo “postpolítico”, es decir, sobre la naturalización de los asuntos económicos como actividades de gestión entregables a equipos técnicos. De este modo, uno de los principales roles desempeñados por la tecnocracia es el que comenta Javier Cordón: <<El gran papel de la “tecnocracia” es que al aparecer como la personificación de la ciencia, del saber objetivo y de la neutralidad, oculta su pertenencia a una clase (a la clase dominante) y la del propio Estado. Y gracias a esa apariencia de objetividad, sus decisiones de clase, las puede presentar ante la sociedad como medidas dictadas por su sabiduría con el único propósito de lograr el “bien común”>>.

 Lejos de que la tecnocracia suponga un cuerpo de carácter desclasado y neutro, para Villena (p. 15) la articulación de estas redes de poder han tenido como consecuencia poner la democracia española al servicio de una serie de minorías con intereses ajenos a los de los votantes; privatizando por tanto, los beneficios de la vida política y económica, generando una inteligencia “coherente y organizada” que “viene supervisando las decisiones políticas más relevantes […], condicionando nuestras vidas, nuestra percepción de la realidad y nuestro porvenir”. Marta Luengo reflexionaba en CTXT acerca de la oligarquía como una idea abstracta, “de caras desdibujadas, sin contornos, sin nombres propios”, y que si fuera de otro modo produciría vértigo. Para ella, lo incisivo de las redes de poder reside en la concreción del ensayo, en los nombres propios y ejemplos que demuestran la existencia de unas redes que responden a unos mismos intereses, que configuran una conciencia de clase y que influyen significativamente en todos los gobiernos.

En relación a lo comentado, quería preguntarte acerca de dos cuestiones:

Por un lado, me gustaría preguntarte sobre qué concepción del Estado subyace en Las redes de poder, ya que tras los cientos de ejemplos y testimonios que citas, en los que pones al desnudo otras tantas prácticas, da la sensación de que se cumple la máxima marxiana de que el “poder estatal moderno no es más que una junta administrativa que gestiona los intereses comunes de toda la clase burguesa”. Acaba dando la sensación de que a lo máximo que aspiramos en el actual sistema político es a ciertas concesiones democráticas y populares de las élites. ¿Es tal el carácter instrumental del Estado? ¿No cabe la posibilidad de que exprese otro tipo de correlación de fuerzas más favorable a los sectores subalternos?

A.V: Este Estado que analizo en el libro es un Estado del ser, no del deber ser. El de Eduardo Serra: abogado del Estado, jurista, próximo a la Corona, imprescindible intermediario para el comercio de armamento –monopolista, oligopolista…– con EEUU, empresario de finanzas, defensa, seguridad, tecnología… Esa es una parte de la alta burocracia, una red de contactos con un fuerte sesgo de clase que solo permanece un tiempo en el Estado y que capitaliza enormemente su formación y experiencia pública en las instituciones privadas. Su instinto es el de la dominación, se materialice este en más o menos dinero. El patriotismo es un velo bicolor. Es la tónica de nuestra historia. Y detrás quedan unas instituciones en las que hay muchos burócratas con un enorme sentido de servicio público, pero que no pueden cambiar las cosas ante esta red; necesitan, además, de políticos valientes que se salgan del cálculo electoral y efectúen cambios, digamos, estructurales.  

N.F: También me gustaría preguntarte sobre si las fuerzas políticas transformadoras deberían apostar en sus discursos por significantes que ayuden a generar una concienciación sobre estas élites: quiénes son, de dónde vienen, qué hacen, cómo nos afectan. Concretamente, estoy pensando en el primer Podemos, que utilizaba el término “casta” para definir al adversario, y que llegó a dinamizar un “tramabús” para enseñar las rutas y apellidos de la corrupción. ¿Consideras necesario este tipo de construcciones discursivas? ¿Crees que en España se han llevado a cabo en algún momento?

A.V: Es difícil llegar a la gente con un mensaje sencillo y a la vez, que este responda a la realidad y movilice a reflexionar, a conversar, a discutir, a negociar la realidad. Para eso necesitas que la gente te pueda escuchar muchos minutos. ¿Quién sale en la tele diciendo cosas? Generalmente se da pie a solo unos discursos. La limitación de mensajes mediáticos es enorme: este debate no ha comenzado porque no se ha permitido.

La sociología del poder y el Deep State

N.F: Durante el libro se distingue de forma nítida el Deep State que ha dirigido la transición española y configurado el régimen del 78, por ejemplo, en la descripción del entrecruzamiento entre la clase nobiliaria, la monarquía y la industria militar. Esta arquitectura del poder en España, que hoy funciona tras un proceso de democratización social y el establecimiento de la separación de poderes, lejos de tener una conformación reciente, mantiene unas raíces históricas. Como comentas en Diario Sur, ya hay estudios del Senado de principios del siglo XX que revelan que la mayoría de senadores eran aristócratas y grandes terratenientes. Eran puertas giratorias a lo bestia: se metían en el Senado para controlar que las leyes no afectaran a sus haciendas. Y sin ir más lejos, has comentado la genealogía del poder en España, detectando la influencia de la dictadura franquista y el enorme peso de la década de los 60.

Como sociólogo del poder, a Villena tampoco se le escapa la amplia red de élites y los centros de poder transnacionales, como es el caso de Goldman Sachs, del que comentas su vínculo con la crisis de la deuda en Grecia y el paso por el mismo de Prodi, Monti, Papademos y Draghi. En la entrevista realizada por José Precedo comentabas que la economía está muy controlada por las finanzas hasta el punto que hay un artículo de la Universidad de Zurich del año 2011-2012 que estudia las grandes multinacionales, 9.000 multinacionales mundiales, y descubre que están todas interconectadas y que hay un corazón financiero de unas 600 empresas que están en una especie de socialismo corporativo, tan conectadas entre sí que no se pueden distinguir las unas de las otras.

Este turbocapitalismo, lejos de operar como una suerte de mercado autorregulado, necesita de constantes reuniones entre élites en los distintos foros internacionales, expresando una carencia en la planificación de la producción y distribución de los recursos. ¿Cuál ha sido la relación entre las élites nacionales y transnacionales?      

A.V: Por una parte, están los imperios financieros, como Blackrock, la entidad más central de todas, la que no puede poner consejeros en todas las empresas participadas porque son decenas de miles. Ese es el poder internacionalista. Después están los ejecutores de diverso tipo: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el FMI… Sus dirigentes se conocen, convergen en valores y creencias, etc. Hay que cuidar de que el gran capital no se derrita como los polos de La Tierra. Y, para ello, hay que intentar facilitarles zonas de inversión rentable. ¿Por qué se habla tanto de la crisis de las pensiones públicas, nos imaginamos cuánta rentabilidad hay ahí para quien sepa invertirla adecuadamente?

Y luego, hay ejecutores nacionales: toda esta tecnoestructura que nos dice que no hay alternativas, que un Estado es como un hogar y que tiene que ahorrar, que hay que apretarse el cinturón… Aquel ministro del PSOE que afirmaba que él sí tenía un plan de pensiones. Ese presentador de tertulias que solo nos habla de unos temas y de otros no, porque estos otros ni siquiera pueden plantearse. Esta articulación multidimensional es muy compleja y la damos ya por natural, como un neurótico que sabe que, en el fondo, tiene muchos problemas y sentimientos por aceptar, pero que prefiere quedarse con la ansiedad, el insomnio y las pastillas. Es peor, pero es más cómodo.

La constitución del cuerpo y sus consecuencias

N.F: La configuración de este cuerpo ha tenido una serie de consecuencias en varios ámbitos (cultural, social, político) muy difíciles de identificar. Las redes de poder analizan las trayectorias de los nombramientos más importantes en los sucesivos gobiernos en democracia: desde Zapatero hasta Sánchez, pasando por Rajoy. Así se acaba por conformar una estructura endogámica de decisión, que orienta al Estado en la dirección de sus intereses al margen de los gobiernos. Es como si esta misma estructura se independizase de los ejecutivos, siéndole indiferente la alternancia política. Para bajar al terreno de lo concreto, podemos mencionar el estridente caso de las sucesiones, desde Pedro Solbes y Elena Salgado hasta Nadia Calviño, pasando por Luis de Guindos y Román Escolano.

 A pesar de la amalgama de nombres y apellidos mencionados, para Villena la pregunta fundamental no reside en quién domina, sino en cómo se ejerce tal dominación, bajo qué estructura: cómo se configuran esas redes de poder, qué posiciones y perfiles sociales acceden, qué los caracteriza y cómo conectan con los mandatarios. Esta red de poder tiene como característica principal la intersección entre el Estado y el mercado, configurando un funcionariado de élite al que acceden personas muy cualificadas y con relaciones sociales privilegiadas (la “meritocracia de los contactos[ii]”). Los De Guindos (de Lehman Brothers a número dos en el BCE), Sáenz de Santamaría, Mario Conde o Eduardo Serra son “personas que se mantienen en pie gane quien gane en la cúspide de la estructura social”. En el bipartidismo ha dado igual quién gobierna: sea “la pornografía del poder[iii]” (PP) o unas “expresiones más veladas” (PSOE).

 En tu descripción de las redes de poder en España incorporas un balance sobre las consecuencias socioeconómicas de su establecimiento, que ha afectado negativamente al sistema democrático y ha impuesto una agenda neoliberal. Si pudiésemos localizar estos efectos: ¿Cómo consideras que han repercutido en la ciudadanía? ¿Hasta qué ámbitos de la vida llegan?

A.V En un sentimiento de alienación que se quería curar con Podemos, un prometedor jarabe que se ha quedado corto y, ahora, con Vox, un copazo de esos que te produce una euforia cegadora. La lógica de la dominación llega a todos los ámbitos. Se decretan unas medidas económicas, los medios de comunicación las ‘explican’. Pero, de fondo, siempre hay un marco ideológico que sustenta todos estos cambios. Por ejemplo, España es un país con una transición modélica que no debe ponerse en riesgo, como tampoco debe cuestionarse el Euro. ¿Quién cuestiona eso hoy? Solo el feminismo aspira ahora mismo a construir un discurso diferente, avanzando en temas como igualdad, lucha contra la violencia de género, transexualidad. Cuando dé ese paso de reparto del tiempo de trabajo y transformación productiva, sufrirá algún correctivo, como le está pasando ya. Pero la ideología llega muy hondo y a un puro modo de vivir. La mayoría de la gente no quiere una transformación de modelo.

Principales características y posibilidades de transformación de las élites del poder

N.F: Estas redes de élites unifican a actores muy poderosos (banca, medios de comunicación, grandes empresas, alto funcionarios…) bajo una serie de intereses comunes, lo que permite su unidad de acción, aumentando todavía más su capacidad de influencia en los asuntos públicos. El intercambio de favores generalizado entre estos actores acaba generando un alto grado de cohesión bajo un mismo statu quo y sentido común, del que además se está en condiciones de generalizar hacia el resto de la sociedad, por ejemplo, mediante mitos que han sido cuestionables pero efectivos (el miedo a la inflación, la transición como proceso modélico…). El análisis de Villena también llega a la primera experiencia de gobierno por parte de Sánchez, el cual no ha quebrado con la conexión entre élites nacionales y transnacionales, ni tampoco ha cuestionado esa ley social, con la que funciona el poder: conectas a personas para conectar al mismo tiempo instituciones. Así lo demostró en el nombramiento de su primer gabinete ministerial con perfiles ya comentados como el de Nadia Calviño, comprometidos con la austeridad y las recetas ortodoxas.

Si algo queda claro en las redes de poder es la composición[iv] de estos altos niveles de la administración pública. A este respecto, el autor comenta que se “trata de una confederación de cuerpos con bastante cohesión interna y poder: jueces y fiscales, diplomáticos y abogados y economistas del Estado. Ya no son puestos que se heredan, pero sí existe una herencia indirecta, porque los hijos de estos altos funcionarios suelen disfrutar de una educación de alta calidad, aprenden muchos idiomas y adquieren una red de contactos exclusiva. Esta herencia indirecta no es ilegítima y no puede irse contra ella, pero tampoco puede decirse que haya igualdad en las condiciones de acceso, a pesar de que generalmente los tribunales son neutrales. Puede decirse que hay un fuerte sesgo de clase.

Además de esta composición, sobre la cual el profesor Juan Torres López –prologuista del libro– observa que desde el franquismo son  amigos, primos, antiguos compañeros de colegio, hijos o nietos de las mismas familias, las posiciones ocupadas por este alto funcionariado vuelve por momentos muy complicado observar si se generan buenas prácticas: muchos de los altos funcionarios piden excedencias para trabajar en el sector privado y no puede controlarse cuándo ponen su talento y conocimiento de las instituciones al servicio de la optimización fiscal y otros quebrantos al Estado, que se debilita al perder este capital humano en favor del sector privado.

¿Qué transformaciones pueden plantearse como un remedio al actual estado de accesibilidad, composición y orientación ideológica de este cuerpo? ¿Pueden devenir aliados de demandas en clave de progreso y justicia social? ¿Conoces alguna manifestación dentro de los mismos en esta dirección?

A.V: Tiene que haber altos funcionarios y políticos valientes que propongan cambios en el sistema de selección de esos mismos altos funcionarios. Becas, como las que se ofrecen a los mejores expedientes universitarios para hacer la tesis doctoral y, quizá, poder iniciar una carrera docente. Ayudas para ensanchar la base de los mecánicos del Estado, para que quepan otras formas de entender las cosas. Para que los nuevos funcionarios, impulsados por lo público, ejerzan un mayor compromiso con este sector. Para que se queden, no para que se vayan. Para que quien quiera utilizar el Estado como palanca para una plusvalía privada acabe constituyendo una minoría. Y ese cambio se puede hacer y puede empezar ya. Hay una parte de la alta burocracia que está de acuerdo con esto. Pero hay que dar pasos.

 N.F: A lo largo del libro queda demostrado que la superioridad organizativa de las élites es determinante para la dominación de los sectores subalternos. Su unificación bajo una misma conciencia de clase, junto con la fragmentación de los de abajo y el pegamento institucional caracterizan a este cuadro de dominación:

 Las élites […], saben de dónde vienen y además los matrimonios que se forman contribuyen a afianzar el sentido de pertenencia. […], los que no somos élites vivimos en lo que David Riesman llamaba “la muchedumbre solitaria”. Cada uno vamos por nuestro lado, somos desconfiados e individualistas: cuando salimos hartos de nuestro trabajo y nos vamos a tomar algo a un bar, no somos capaces de tener un poco de empatía con el trabajador que tenemos delante y que se siente como nosotros. […] En cada uno de nosotros hay una escisión entre la identidad del trabajador y la del consumidor. Esto es una gran debilidad porque consigue que toda ideología política se convierta en un estilo de vida. […] las luchas acaban siendo muy sectoriales, aisladas. Las élites, en cambio, están vinculadas entre sí por acuerdos muy sencillos en una especie de socialismo corporativo. Se sabe que la mayoría de las multinacionales están conectadas entre sí, cuentan con instituciones de encuentro como universidades, clubes, palcos de fútbol. Esto genera confianza, intercambios de información, casamientos de mayor o menor conveniencia.

Pienso que esto conecta a la perfección con lo que comenta Poulantzas de que el Estado tiene que cohesionar por arriba y fragmentar por abajo, como una máquina de producción de unidad entre los gobernantes y de fragmentación o dispersión entre los que obedecen. Todas estas reflexiones conectan la motivación oligárquica (la apropiación privada de bienes públicos) con la ofensiva cultural que estas plantean; el neoliberalismo no plantea sólo una batalla descarnada, sino que propone unas determinadas ideas de bien y un sentido.

Quiero preguntarte acerca de este asunto. Tengo la impresión de que bien sea integrándolo en un tótum o separándolos como dominios aislados a uno (más importante) sobre el otro (menos importante), tradicionalmente no se ha atendido debidamente, digamos, tanto a 1) la explicación de los sistemas de dominación (sus “estructuras y “efectos materiales”) como 2) al entendimiento de su legitimidad y aparato ideológico:

¿Cómo consideras que conecta con esta cuestión tu estudio? ¿Y la bibliografía que has manejado?

A.V: Por una parte, tienes a la gente hablándote a un metro o dos de distancia, por el Coronavirus. Obedeciendo, asustada, desorganizada, aislada. No nos cuestionamos nada porque el miedo es más fuerte. Y el miedo es más fuerte porque el tejido social no está. Y no está porque no se planta, no se fomenta. No hay conciencia. Donde sí la hay es en la élite, porque es reducida, porque es hereditaria y porque ha estudiado donde hay que estudiar: en sitios privados muy buenos donde se tejen grandes lazos para toda la vida. Con dinero de fondo. Ya decía un liberal como Gaetano Mosca que 100 personas dominan a 10.000 porque se ponen de acuerdo más fácilmente. Mira el caso del Coronavirus y los supermercados. Sensacionalismo mediático como primo hermano del individualismo neoliberal de última hora. Muchedumbre solitaria. La élite económica, ahora mismo, echa cuentas por la pérdida de valor futuro de los activos, pero ahí está el Estado, bien para proteger a la gente, bien para reprimir, bien para proteger esas grandes inversiones: esos polos que nunca deben derretirse.


N.F: Este “socialismo corporativo” de las élites vuelve muy laxo el límite entre lo privado y lo público, dificultando el control del fenómeno de las puertas giratorias, y limitando mucho a iniciativas dirigidas en este sentido, como la Oficina de Conflicto de Intereses (OCI). Puesto que se trata de limitar que una de estas personas utilice sus conocimientos en favor de una empresa privada, para Villena, la dimensión “casi íntima” ya comentada más arriba (esas reuniones de las élites en sus clubes, como en Puerta del Hierro) complica aún más a los limitantes existentes a este tipo de iniciativas, que a lo máximo que aspiran es a impedir que te vayas a una empresa que ha sido beneficiada por tus decisiones al frente de un organismo público o a penalizar determinadas prácticas. La prohibición de las puertas giratorias no sólo es difícil desde un plano explicativo, esto es, en lo referido a su funcionalidad, sino que se vuelve un asunto de complicada defensa normativa ya que impide la libertad fundamental de cambiar de oficio.

 Por otro lado, cabe decir que el funcionamiento de estas instituciones en España ha salido medianamente bien después de la crisis de régimen que precedió a la irrupción de Podemos. A la pregunta que le realizaban en el Diario sobre el buen funcionamiento del Estado en los escándalos de corrupción del PP, de la Casa Real o en el de Rodrigo Rato, Villena responde bajo el prisma de Pareto, argumentando que todo sistema necesita un cierto grado de apertura a algunos cambios para mantener su estabilidad, de lo contrario, si esas redes se vuelven muy endogámicas y no dejan penetrar nueva energía nos llevan a la revolución. Y […]  después de esa revolución vendrán otras élites.

¿Qué densidad tiene esta identificación entre las élites? ¿Participan de forma uniforme en los mismos mitos y prismas ideológicos? ¿Observas alguna fisura que sea significativa entre estas?

A.V: La condición inherente a las élites es la cohesión y la conjura, es decir, la cooperación para la consecución de metas o intereses. Esto no les exime de discutir, o de tener distintas facciones. La clase política quiere mantener unas condiciones óptimas, y nos encontraremos con que se defenderán para muchas cosas. Esto sucedía en el bipartidismo imperfecto, cuando PP y PSOE votaban muchas resoluciones a favor de manera conjunta. Ahí hay un instinto de conservación, pero también que una formación y una ideología los ha llevado a ver las cosas de manera parecida: por ejemplo, que un plan de trabajo garantizado podría ser inflacionario, que el objetivo del Banco Central Europeo debe seguir siendo controlar exclusivamente la inflación, que la Zona Euro es el mejor de los destinos posibles, pese a que España pague las crisis mayoritariamente con desempleo y pobreza… Parece que esto sea lo mejor que hemos podido darnos y que podríamos hacer en cualquier caso y, peor, que cualquier viraje radical, de raíz, nos precipitase a una situación infinitamente peor. Y ahí.

N.F: ¿Qué políticas se han implementado para limitar esta superioridad organizativa de las élites? ¿Hasta dónde pueden llegar? ¿Consideras que estas élites han sabido sortear de forma solvente toda la crisis institucional de estos años?

A.V: Yo diría que ninguna. Es más, la idea de élite desaparece mayoritariamente de los estudios e investigaciones, incluso las académicas, en los años 90. Durante los años 2000 apenas se publican ensayos en España sobre este tema, cuando sobre la élite socialista de González salía uno cada semana. Y, como no hay una concepción común de cómo estas operan, los gobiernos, que en buena parte están formados por élites burocráticas, administrativas, en parte también empresariales, poco van a hacer de una política sobre las élites. Sería verdaderamente extraño que un ministro, aunque fuera de Podemos, hiciera referencia pública a este aspecto, aunque seguro que en conversaciones privadas tanto PSOE como Podemos se refieren a determinados grupos de interés.

Tradicionalmente, los gobiernos han jugado al intercambio con las élites, generalmente con buenos intermediarios, que al final acababan intercalados en dichas élites.Un ejemplo es el liderazgo del Banco de España, que en los años ochenta acaba mandando más que el propio gobierno, en turbulento contacto e intercambio con la gran banca privada. Ahí se producen intercambios, regulaciones, cesiones. Más que limitar a las élites, lo que se ha hecho siempre es bailar con ellas, con mejores o peores pasos.   

Capitalismo español: ¿Rentistas o liberales?

N.F: En su columna estructurada en torno al libro, Villacañas comenta la metáfora recurrente de Villena para referirse a la relación de las élites con los gobiernos del PP (“pornografía”) y del PSOE (“erotismo”), fijando su atención sobre los estrepitosos casos de Montoro y el complejo lobista de Mariano Rajoy:

Pornografía. La metáfora es explosiva porque todo en ella es transparente. No necesita comentario o interpretación. No es de extrañar que cuando esta exhibición de fluidos, conexiones, acoplamientos, contactos y movimientos se realice en público, produzca escándalo en los espectadores sensibles. Por eso no es raro que los pactos de Madrid, que constituyen uno de los tríos arquetípicos de la perversión erótica (PP y C’s mirándose a los ojos mientras Almeida hace por detrás otras cosas con VOX), hayan producido escándalo por doquier. […]. Luego plantea el verdadero problema, el del estatuto del liberalismo español frente al liberalismo europeo.

 Esto nos lleva a cómo tipificar el capitalismo español. Corazón Rural le planteaba a Villena la similitud de su estudio con el de Velázquez-Gaztelu Capitalismo a la española, en el “que hablaba de que la particularidad española es lo que los ingleses llaman crony capitalism, un entramado de intereses conjuntos del poder político y del económico, el caldo de cultivo perfecto para la corrupción. Las empresas más grandes operan en mercados altamente regulados, por eso recurren a estos personajes, más por su agenda que por su valía profesional. Mientras tanto, empresas de otro perfil, como Inditex o Mango, están al margen del poder político. Sobre este paralelismo, nuestro entrevistado comentó su desacuerdo con la distinción entre 1) las grandes empresas operativas en entornos mayormente regulados y 2) las restantes que operan al margen del poder político como Inditex y Mango, argumentando que hasta los casos englobados en el segundo punto (Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, Pablo Isla)[i] tienen la necesidad de contar con el “papel promotor y protector del Estado”.

En CTXT exponías la red bipartidista que ayuda a los fondos buitre[ii], otro escrito más que contribuye a mantener la memoria sobre cómo las oligarquías parasitaron las instituciones durante la pasada década. La ilusión del Laissez faire en el Reino de España.

 En el Boletín reflexionabas sobre la separación entre los dominios de lo económico y de lo político, comentando que todas estas prácticas vuelven muy cuestionable la separación de poderes y perpetúan la dominación ideológica sobre los de abajo:

Las grandes empresas del Ibex tienen ministros. Cuando ves a Francisco González, presidente del BBVA, diciendo cosas no sabes si las dice como presidente del banco o como ministro de Economía. Eso ocurre porque nos dicen que hay una separación de poderes que, en realidad, no es tal […] Las puertas giratorias, por ejemplo, son pequeños hilos que van cosiendo los distintos sectores, el Congreso, la empresa y el Ejecutivo.

 Les subyace una “lógica del expolio”, por la cual la acumulación de capital de estas grandes empresas depende necesariamente de su vínculo con el Estado:

 Tienen tanto dinero que al final estas empresas se convierten en propietarias de una parte del Estado. Compran a la inteligencia jurídica, fiscal, y económica estatal, a todo ese talento. Eso es muy peligroso porque tenemos un montón de limitaciones para tener una democracia, no ya plena, sino bastante desarrollada con un Estado que está de rodillas ante las élites.

Como explica en su libro, se confirma una ley social por la que se da una relación relevante entre los centros de extracción de los dirigentes estatales, sus lugares sociales de procedencia y las decisiones que estos adoptan desde el gobierno público. […] un “blanqueo político” que consiste en la legitimación democrática de los intereses de una reducida élite económica sobre una mayoría anestesiada y carente de organización (2019, p. 206). Se trata del entendimiento patrimonial del Estado que tiene la oligarquía, privativo y antidemocrático, en el que la patria se identifica con su clase y las instituciones con sus cortijos privados: Una tecnoestructura que defiende las decisiones llamadas de “sentido común” generalmente coincidentes con los deseos de los poderes económicos nacionales, los inversores mundiales y las instituciones comunitarias (p. 208).

 A pesar de los clamores populares en las principales plazas del país, donde se gritaba que “el PSOE y el PP la misma mierda es”, Villena estudia como esta alternancia política mantiene a las  mismas élites al mismo tiempo que genera nuevas relaciones con las mismas. En su entrevista en CTXT comentaba comparativamente la experiencia de ambos gobiernos, distinguiéndolos en varios aspectos (cultura, derechos sociales, etc.), pero observando elementos comunes, sobre todo en el aspecto de la doctrina y políticas económicas. Esto llega hasta la experiencia de Sánchez, en la que el actual Presidente siempre ha tratado de buscar la estabilidad con las grandes empresas y la Comisión Europea; y es que tanto los ejecutivos del PSOE como los del PP han contribuido al asentamiento de la ortodoxia económica, por ejemplo, en su comunión bajo el ‘mito del Euro’.

 A la posterior canalización que hizo Podemos del enfado popular con el bipartidismo mediante el significante “casta”, comentas que lo que hacía era utilizar una “fórmula política”, utilizando la terminología del pensador social Mosca: crearon una fórmula retórica para presentarse como una alternativa a lo que existía previamente. Toda fuerza política, progresista o reaccionaria, experimenta inevitablemente una tendencia a perpetuarse en el poder y siempre debemos sospechar de quien nos diga que viene a cambiarlo todo y a crear algo totalmente nuevo

En este punto, comentas que se cumple una teoría circular de las élites, esto es, que las energías revolucionarias siempre serán cooptadas por las élites estatales y multinacionales a través de su participación en las instituciones. Esquivando caer en el fatalismo, comentas que lo definitorio no es la lucha por el poder (objetivo común a cualquier formación política), sino lo que se haga para obtenerlo.

 En lo respectivo a la “metáfora explosiva” que utilizas, concretamente, sobre lo “pornográfico” del gobierno de Rajoy con las élites:¿La reorganización de las derechas en el nuevo campo político puede originar algún cambio?

A.V: Con permiso del Coronavirus –o gracias a este y a todo lo que están montando sin ningún tipo de escrúpulo–, es un proceso todavía en marcha. Imagino que el Partido Popular todavía sueña con un horizonte 1989, año en el que consiguió adherirse todas las derechas autónomas y montar el partido más potente. Ahora mismo Vox, escisión decadente del PP, nostálgica, aspira a tener autonomía y, en medio de esta crisis y la conmoción, liderar la derecha con argumentos nativistas, sin complejos. Pero, de nuevo, la circulación de élites, salvo restringir algunas libertades, llevaría a cabo un programa neoliberal como lo haría el Partido Popular, quizá con mayor agresividad. Se enfrentaría a las mismas redes de altos funcionarios y seguirá el principio político reciente de ‘gobernar es comunicar’. No obstante, hay que decir que el shock del Coronavirus y lo que viene después pueden alterar estos ciclos. Una coalición Vox-PP, de todos modos, en este contexto de depresión económica, podría ser absolutamente tremebundo y a largo plazo mucho peor que la pandemia en sí, porque los efectos secundarios serían incontables y los desequilibrios económicos, mayores aún.

N.F: En comparación con otros países pertenecientes a la UE: ¿Cuáles crees que son las características propias del sistema productivo español? ¿Qué es “lo específico” de la oligarquía española?

A.V: Venimos de aquellos monopolios de los que hablaba Ramón Tamames, del poder de las eléctricas, las constructoras y la banca privada. Quizá la naturaleza autoritaria y clasista del Régimen haya contribuido a la colonización de la política por parte de estos tres sectores, estableciendo una fusión con las élites funcionariales, ministeriales, militares, etc. Lo que conlleva una menor separación de poderes con respecto a países con tradiciones democráticas más sólidas. La potencia de la burbuja inmobiliaria y de la construcción en España, y su conexión con otros sectores como el bancario o el energético, permite comprobar la pervivencia de este modelo.

En este momento crítico en el que nos falta literalmente de todo, podemos ver cómo la entrega de lo público a lo privado, la desindustrialización y la doctrina de competir en turismo en un área monetaria asimétrica nos ha dejado en una situación absolutamente precaria. Aquí el heroísmo político estaría en tomar decisiones a largo plazo sobre modelo productivo, primacía de determinados sectores, dotación económica ambiciosa, políticas de déficit, nacionalización parcial de sectores estratégicos y banca pública destinada a financiar sectores productivos de alto valor añadido. Y, todo, con la convicción del que tiene la urgencia de apagar un incendio. La opinión pública, por mucho miedo que reciba, acabará aplaudiendo esta decisión, este liderazgo, esta vocación de producir cambios significativos ajenos al ciclo electoral. Esto podría salvar al actual gobierno si se hace bien, por etapas, bien contado, con efectos a corto y largo plazo.  

N.F: Has señalado que las “élites usan el estado para ordeñar las instituciones”, desvelando que estos estratos sociales privilegiados mantienen una relación de dependencia con la protección, los seguros y las oportunidades brindadas por el estado, conformando toda una red de relaciones que abarca desde partidos a medios de comunicación. José Luís Villacañas apuntaba sobre esta cuestión que: Lo específico del liberalismo español no es tanto que tenga que plegarse a los intereses de grandes corporaciones. Lo especifico es que no pueda permitirse el lujo de abandonar la cercanía del poder en la Comunidad y la ciudad de Madrid. En este punto, apuntaba que cuando el forzamiento de la ley por el PP ha sido continuo durante 20 años con total impunidad, la gestión responsable de los recursos públicos se convierte en un objetivo que atenta contra su propia “seguridad vital”[iii]. Aquí aparece, por supuesto que, de forma transparente, la cuestión central del “liberalismo español”: “su carácter instrumental, sin convicciones, subalterno”.

Sobre este “liberalismo hispano”, paradójicamente fundado en la dependencia del estado por parte del sector privado, comentabas a través de J.K Galbraith que todo grupo social busca, antes que la libertad, la protección; Por lo tanto, no se ha estado tan lejos del liberalismo como en este momento, en el que existe una búsqueda constante de la asociación entre sectores.

 En Estados del agravio (Lengua de Trapo, 2018), Wendy Brown explica cómo desde hace décadas se ha renunciado a reivindicar la “libertad” por parte de los movimientos emancipatorios, abandonándolo a la suerte del proyecto neoliberal. En su opinión, esto se debe a la toma de una posición resistencialista como respuesta a la pérdida de un horizonte de liberación, y a la disociación de este concepto respecto del de “igualdad”. Según ella, esto tiene unos efectos en la constitución del mapa político: Al equiparar las dimensiones positivas del socialismo con un método de justicia económica distributiva, y al equiparar liberalismo con un sistema de libertades y satisfacciones individuales, el socialismo queda reducido al estatus de una práctica económica (no política), mientras que el liberalismo es tratado como una práctica política (no económica).

Concuerdo en la tesis de Brown, pero creo que esta disyuntiva no es del todo generalizable. En España dudo que se pueda hablar de un “liberalismo político”, ya que, por ejemplo, la articulación discursiva del PP integra un conservadurismo moral e ideológico en el plano de las “libertades y satisfacciones individuales” con una voluntad privatizadora y neoliberal en lo económico (que acaban por equivaler a “liberalismo”). Aun así, creo que acierta al considerar que el avance en libertades se ha desvinculado de las demandas de igualdad, lo que además explica en qué elementos se fundamentan las diferencias más significativas entre los gobiernos del PP y el PSOE.

Teniendo en cuenta el cinismo de las élites, las contradicciones internas a las que incurre su libertad, y de cómo se han distribuido los significados de este concepto en los principales partidos del sistema, yo creo que se puede dirimir una batalla que vincule positivamente la libertad con la igualdad, y que vuelva efectivo políticamente el sentimiento de agravio moral de una gran parte de la ciudadanía.¿Consideras que se puede abrir una batalla en torno al concepto de “libertad” que pueda ser efectiva, por ejemplo, para avanzar hacia otro tipo de políticas económicas?

A.V: La revolución cultural impulsada desde 1947 por la ‘Sociedad Mont Pelerin’ –Friedman, Hayek, Harberger, etc. – en medio de la crisis capitalista de los setenta logró, en mi opinión, apropiarse de los ideales de libertad de los movimientos protestatarios de años previos y transmutarlos en una defensa de algo muy ambiguo como es la ‘libertad de mercado’. Después, esa libertad no es tal, porque, cuando observamos la realidad, lo que se produce es una concentración del poder económico, y un discurso político que sustenta los postulados iniciales y que vela lo que está ocurriendo verdaderamente.

En este sentido, defender la libertad de las personas para poder autodeterminarse, es decir, para tener una vida digna, con derechos y con capacidad de influir en las decisiones de una sociedad democrática puede ser la sustancia de una auténtica batalla de ideas. Vivimos en unos sistemas en los que los riesgos acaban recayendo sobre todo en las personas, que no son demasiado grandes para caer, y frente a esto, tenemos las corporaciones, la banca, que puede esquivar el pago de impuestos, obtener rescates, condiciones favorables… y realizar donaciones solidarias en momentos como este periodo, lo que les reporta buena imagen para el futuro. 

N.F: ¿Qué entendemos por liberalismo? ¿Qué concepto de libertad se promueve desde estos sectores? ¿En qué tensiones incurre respecto de sus prácticas?

A.V: La defensa de la libertad, con todas sus consecuencias. El problema es que, como afirmaba Galbraith, la libertad implica muchos riesgos, por lo que todos intentamos protegernos de ella, de algún modo. Nos han hablado mil veces de nuestra naturaleza supuestamente egoísta, cuando tendemos más bien a la asociación, a la negociación, a la distribución.

Lo que pasa es que el credo liberal permite sostener este estado de cosas: pensar que los que dominan no lo hacen, simplemente ocupan una posición en razón de sus méritos o a raíz de aportar mayor valor añadido que los demás, nos permite acatar mejor las órdenes. Que haya grandes empresas entrelazadas planificando acuerdos de precios, de mercados, con patronales y lobbies presionando a los gobiernos… Todo esto es una consecuencia de la concentración de poder y, en cualquier caso, de las alianzas y oposiciones entre distintos tipos de élites: empresariales y políticas, principalmente. Pero, en este combate, que puede comprobarse en los nombramientos, en las decisiones o en los discursos públicos, el liberalismo solo representa una ideología que es necesario creer para aceptar la dominación. En cualquier caso, hablaríamos de un ‘liberalismo adaptado’ a las necesidades de cada uno de los grupos de poder, o más bien de una determinada situación de dominación. 

N. F: Por ejemplo, a mí me ha dado la sensación de que, en el seno del Partido Popular, durante las últimas elecciones a la secretaría general del partido, no ha existido ningún debate ideológico y que más bien ha consistido en una movilización de apoyos territoriales y activación de cadenas de favores por parte de sus candidatos. ¿Consideras que existe una tradición política liberal sólida en España?

A.V: No soy precisamente un experto en este tema, pero el caso del PP y de lo sucedido en uno de sus principales ‘graneros’, la Comunidad de Madrid, refleja que esa tradición es meramente teórica e impostora. Detrás de buena parte de la supuesta liberalización, ya lo estamos viendo en el campo sanitario, está la entrega de grandes cantidades de dinero –mayoritariamente impuestos de los ciudadanos– a empresas afines al partido en el poder. Las tramas de corrupción, las que se conocen, reflejan cómo existe un modelo de intercambio para engrasar el sistema: supuesta financiación irregular a cambio de concesiones. Las Cajas de Ahorro han jugado un papel importante aquí, y el resultado son décadas pérdidas para los ciudadanos, que, además, hemos decidido estar mal informados sobre lo que ocurría. Aunque existan espacios para la competencia, el modelo del PP, por ejemplo, en Madrid, no parece tener mucho que ver con el liberalismo y más con un intervencionismo con melodía liberal. No son los herederos de las Cortes de Cádiz sino más bien los de las familias franquistas, que además lo tenían muy claro y acababan integrando los consejos de administración del mundo empresarial una vez que abandonaban la política. 

Una nota más: la derrota absoluta de una persona capacitada y con ideas, la abogada del Estado Soraya Sáenz de Santamaría, a manos de Pablo Casado, un excelente estudiante, representa una síntesis de lo que preguntas: ¿para qué mejorar las cosas si podemos ganar y colocarnos? El actual líder del PP personaliza y comprime la mediocridad de la derecha actual, su inexistencia democrática. Con todo el daño que eso supone, porque, además, ofrece una excusa perfecta para que la izquierda siga siendo mediocre.

N.F: La forma de ejercer el poder político en España ha constituido una serie de déficits democráticos, entre los cuales aparece la impunidad de las élites. Algunos ejemplos de esta ausencia de accountability de las élites los comentas en la entrevista de El Diario: Hablando con los técnicos de Hacienda te cuentan que muchos inspectores imparten cursos para escuelas de negocios sobre elusión fiscal, que es un término legal […]. También hablo del tema de los carteles de las obras públicas con pliegos que venían de parte de la propia constructora. Es significativo cómo en esta amalgama de prácticas no todos los casos constituyen corruptelas, a pesar de ser denunciados como tal o de ser objetivamente cuestionables.

En El Boletín te planteaban si la política se correspondía mejor con el “arte de lo posible” o con “el arte de lo invisible”, a lo que contestaste que esta era un “acto de intermediación” en el que el gobernante busca su “perpetuación en el poder”. No obstante, reconocías que en esa búsqueda intervienen diferentes intereses, y que mediante la legitimación otorgada por la acción democrática estamos “blanqueando constantemente intereses privados” como el del oligopolio eléctrico, la banca o las grandes constructoras. Más abajo argumentas en contra de la necesaria contrariedad entre el Estado y las grandes empresas, sacando el ejemplo de Cristóbal Montoro[iv] en 2006 para remarcar que las grandes empresas cuentan con funcionarios de élite y de menor rango que trabajan a favor del Estado y a favor de ellas.

¿Hasta dónde puede llegar una regulación más severa en estas cuestiones? ¿O el fomento de una mayor transparencia institucional?

A.V: Una posibilidad de mejorar las cosas es mejorar el sistema de selección de altos funcionarios. Aun manteniendo las oposiciones, que supongo que serán difíciles de modificar, existe la posibilidad de promover formas de financiación, becas, para que los mejores expedientes universitarios puedan aspirar a la carrera judicial, diplomática, de abogado del Estado, etc. Esto permitiría incrementar la diversidad en la élite burocrática, reduciendo el sesgo clasista de unas posiciones que son difíciles de obtener si no cuentas con ahorros, con financiación. Son muchos años de estudio, de academia, de estancia en Madrid, donde parece que ocurre todo lo importante…

Esto permitiría, además, que la composición del alto funcionariado integrara un componente mayor de sentido de servicio público. Si un alto funcionario pasa, después de pocos años, al sector privado, poniendo al servicio de grandes empresas todo lo aprendido en la Administración, ahí apenas hay sentido de servicio público. Muchos de ellos pertenecen a clases altas y consideran el título como una especie de nobleza adquirida que asegura la entrada en la élite empresarial, fuertemente entrelazada con el Estado. Pero si modificamos la extracción social de buena parte del alto funcionariado, la diversificación resultante puede alterar el funcionamiento del conjunto. Estas medidas podrían modificar el fenómeno de la puerta giratoria, lo que al final es una forma de engrasar el sistema de intercambios. Ya existe una regulación y eso no impide esas sinergias, que pueden producirse de muchas maneras alternativas.

Sobre lo que creo que habría que reflexionar inicialmente es sobre la estructura clasista de esa columna vertebral estatal que es nuestro alto funcionariado, y me consta que ya hay propuestas en este sentido que quizá afloren en un futuro no muy lejano. 

N.F: Tenemos una oligarquía enquistada en las instituciones del Estado, que hace que muchos derechos formales no se materialicen o que muchos de los principios constitucionales sean papel mojado.Quizás no exista de forma necesaria una oposición entre el Estado y el gran capital, pero sí entre este último y la democracia. Con las realidades descritas en el libro, se hace muy difícil hablar, por ejemplo, de separación de poderes. ¿Cómo consideras que se relacionan con los principios democráticos estas prácticas? ¿Los tensiona? ¿Los anula?

A.V: Pareto afirmaba que la democracia es una superstición, que esto es una pelea por el poder y que cualquier atisbo de progreso es un engaño de gente que en realidad quiere mandar. Es una visión muy pesimista. Pero sí es cierto que la capacidad del gran capital –con pocas empresas financieras controlando grandes cantidades de inversiones en todo el planeta– para mantener a los Estados a raya –cooptando altos funcionarios, mediante amenazas, con un discurso dominante o convincente, etc. – lesiona gravemente los principios democráticos, al menos del significado de democracia que hemos aprendido en los libros. Otra cosa es si entendemos la democracia como sugería aquel informe de la Comisión Trilateral en los años setenta, que aconsejaba protegernos de los excesos democráticos que podían acabar representando una amenaza para la libertad. Está claro que existe un discurso hegemónico sobre cómo funcionan las cosas, casi un discurso civilizatorio al que solo se oponen pequeñas minorías, con una masa poblacional que se va adaptando a las circunstancias, como iremos comprobando con las consecuencias de la pandemia que estamos viviendo.

N.F: Una parte de la izquierda ha diagnosticado que, en el ciclo político abierto desde la crisis en España, sus dos principales partidos (PP-PSOE) han vaciado de contenido la constitución social y territorial del Estado Democrático. Es decir, que han arremetido contra los consensos que permitieron un funcionamiento contradictorio pero efectivo del sistema.

A esto se le añade la reciente crisis pandémica. El Coronavirus ha abierto toda una serie de incertezas en torno a qué hoja de ruta seguir, y desde la declaración del Estado de Alarma el 14 de marzo, se han sucedido distintos temas de debate en la opinión pública, además de múltiples cruces de acusaciones entre las principales fuerzas políticas.  ¿Consideras viable una refundación similar a la de las Constituyentes en la Transición? ¿Qué proyectos de España crees que están en disputa? ¿Cómo se plantean la relación con las élites del poder?

A.V: Lo que está sucediendo nos sitúa ante una gran imprevisibilidad: estamos viviendo una gravísima crisis humana que, en caso de solucionarse, viene acompañada de una tremebunda crisis económica. Las acciones del actual gobierno progresista son de salvamento: son titubeantes porque no pueden ser de otro modo, dada la naturaleza de la hecatombe que estamos viviendo. Para colmo, el yugo europeo se cierne sobre un país de segunda al que se le van a poner muchos límites.

En este contexto, la refundación es, para empezar, el rescate de la mayor cantidad de gente que sea posible. Puede representar un momento para refundar las instituciones, pero la naturaleza de la urgencia por lo que está ocurriendo, combinada con la operación de caza y captura orquestada por la derecha política y mediática, no nos permite ser demasiado optimistas. El surgimiento del movimiento 15M y cómo ha cambiado la política desde entonces estaba modificando progresivamente la agenda de temas de debate, no solo en relación con la precariedad y el riesgo que vivimos los ciudadanos. Pero en estos momentos resulta difícil tener respuestas claras ante la magnitud de la catástrofe. Me parece poco prudente estimar cómo van a adaptarse las élites dominantes, pero aventuro que, en países con débil tradición democrática, como el nuestro, la precarización va a ser general.  

La ley de hierro de la oligarquía

N.F: Para referirte tanto a los actores que conforman estas élites como a la posibilidad de su ruptura, has introducido en varias ocasiones la ley de hierro de la oligarquía de la que hablaba Michels: Cualquier organización, por altruista, radical o revolucionario que fuera su objetivo, termina por adquirir un tamaño que obliga a sus dirigentes a centrarse en la conservación de sus puestos políticos y de prerrogativas; de esta forma llega un momento en que los medios se convierten en fines y la organización acaba siendo el centro de sí misma. Estos procesos de burocratización (la “jaula de hierro del Estado”) también afectan a los partidos que buscan un cambio en el statu quo, aunque para el caso de Podemos comentas que esta ley de la política se ha cumplido con matices, puesto que la nueva formación política a un grado de acoso y presión inimaginables por parte de los grandes poderes[v].

Como se puede observar, las posibilidades de transformación del funcionamiento de la tecnoestructura aparecen muy limitadas. Sobre esta cuestión, en La Marea respondías que la imposibilidad de renunciar a estos técnicos estaba intrínsecamente ligada a la necesidad de los mismos para que funcione la máquina del Estado, y que, puestos a vislumbrar mecanismos para cambiar su carácter actual, se podían observar dos opciones: 1) la atracción de los miembros de las tecnoestructuras hacia los nuevos partidos (práctica más o menos instalada en el “erotismo” del PSOE; y 2) la pluralización de los cuerpos mediante una mayor accesibilidad a los mismos  (becas para acceder a la abogacía del estado, etc.). En La Penúltima comentas el caso de Roosevelt para hablar de las dificultades de transformación de esta red de relaciones:

Es una pelea muy difícil. Roosevelt logró aprobar, en los Estados Unidos, una legislación socialmente ambiciosa con buena parte de la élite empresarial en contra. Para ello, se atrajo para sí una parte del empresariado y de la banca, y soportó una oposición absolutamente brutal. Pero logró modificar la red, que quedó alterada y se adaptó para continuar conservando privilegios. Hay que valerse de las estructuras estatales para avanzar en esa transformación –para eso hay que ganar las elecciones, reclutar a funcionarios de élite que quieran cambiar cosas…–, hay que prever huelgas de inversiones, fugas de capitales, medios de comunicación que van a hacer todo tipo de campañas en contra. Pero todo eso ocurre y ha ocurrido ya. Hace falta una fuerza electoral fuertemente cohesionada en torno a una identidad y un programa de acción. Si, además, existen otros movimientos en Europa –en Estados Unidos empiezan a llamar la atención–, y se establecen conexiones, las posibilidades aumentan notablemente. Hay que replantear la situación de la Zona Euro, que representa, en las condiciones actuales, una camisa de fuerza democrática, lesionando la autonomía estatal. Otro punto gravísimo del que se habla muy poco

 A esta rigidez de los cuerpos como condición necesaria de la ley de hierro de la oligarquía del Estado, se le suma el papel nada desdeñable del Estado-nación para avanzar en políticas de progreso. Sobre cuál era el poder de los estados en comparación con el de las principales redes corporativas supranacionales, tú has comentado tu desacuerdo con las ideas negacionistas de la capacidad de los Estados para dirigir la política económica:

Está bien que pienses eso porque así no vas a proponer reformas, pero desde lo nacional es desde donde se llevan a cabo las reformas verdaderamente de avance de los países. Nunca ha sido desde lo global […] Un Estado puede hacer muchísimo. El problema es que España, en el seno de la Zona Euro, no tiene política monetaria. Tienes un BCE cuyas normas están diseñadas para países como Alemania que exportan mucho. […] En general, el lenguaje que rodea a los Estados y a la economía es caprichoso. Por ejemplo, llamar derroche al gasto público, cuando la mayoría de veces es inversión y de futuro. La izquierda debe ir en contra de esa terminología, como derroche, déficit. Hace falta un discurso estatal, y eso no quiere decir que nos volvamos franquistas”.

¿Cuál es el alcance de esta ley de hierro de la oligarquía? ¿Estamos necesariamente condenados a repetir la tragedia? ¿No sería suficiente con garantizar unos procedimientos internos de los partidos más democráticos, con mayor control de sus inscritos? ¿O con que institucionalmente se incorporen más mecanismos de democracia participativa y deliberativa?

A.V: Existen experiencias políticas alternativas a esta Regla de Hierro. El problema es que el incremento de tamaño de las organizaciones, su desarrollo, en el seno de sociedades complejas como las nuestras, nos lleva a la repetición incesante de estos procesos. En un caso como el de Podemos, sufrieron desde su nacimiento un bombardeo mediático, político, etc. El caso griego quedó marcado como un precedente ideológico para no votarlos: no los votes o España será Grecia. Lo que quiero subrayar aquí es que por supuesto que Podemos quiere el poder, y que cuando lo obtiene, en su adaptación progresiva a las instituciones, se va transformando. Pero que en ese proceso hay muchos grupos de origen no electoral que ponen todas las zancadillas posibles para salvaguardar sus intereses. Esto es, no es que la política se oxide, es que está penetrada por muchísimas más esferas.

Entonces, tenemos que mirar a la ciudadanía, a una muchedumbre solitaria con poca capacidad de organización. Esa ausencia de tejido social, la escasa fortaleza sindical, lo minoritario de los movimientos sociales, etc., también deja solo a los políticos. Que existan esas pasiones por el poder, o que se produzca una burocratización de los partidos es solo una parte del problema. La dominación no solo la ejerce una supuesta clase política, es que existe una red compleja de muchos intereses y en el debilitamiento de Podemos hemos podido comprobar la existencia de todos esos actores, como las patronales, el Ibex-35, determinados lobbies…

No obstante, conociendo el sistema, creo que se perdió una ocasión interesante cuando en verano de 2016 se convocaron elecciones anticipadas. Creo que Podemos podría haber dejado gobernar al PSOE con el apoyo de Ciudadanos. Esto hubiera dado lugar a una dinámica interesante: el PP de Rajoy se hubiera tenido que marchar, con una coalición de centro izquierda en el gobierno que hubiera tenido que hacer caso a las peticiones de Podemos para no convertirla en la oposición auténtica.

Este es el tipo de experiencias de alteración de un sistema que pueden modificar piezas muy importantes, sin destruirlo. La experiencia actual de gobierno progresista –que, de nuevo, está teniendo que soportar condiciones terribles, como la peor pandemia que se recuerda, una crisis económica y una oposición que no va a colaborar en nada– es otro experimento que merece la pena, pues permite que líderes políticos con ambición de cambiar cosas interaccionen con los distintos grupos de poder ya mencionados.


N.F: ¿Cuánta volatilidad consideras que tiene la tecnoestructura? ¿En qué condiciones puede orientarse hacia opciones políticas de izquierda?

A.V: Creo que la tecnoestructura es procíclica, es decir, representa la aplicación práctica de la ideología dominante. El giro hacia posiciones de izquierda –si somos capaces de definir lo que va a significar ‘izquierda’ en los próximos años– depende, por una parte, de la extracción social de esa élite burocrático empresarial, y también, de las posiciones ideológicas que haya que adoptar para superar las crisis que estamos viviendo. Estamos viviendo un lento proceso de transformación de las percepciones sobre cómo funciona la Economía. Antes, muchos bancos centrales solo pensaban en luchar contra la inflación: las actuales circunstancias obligan a un cambio de perspectivas. La realidad va a hacer que muchas posiciones de los altos dirigentes burocráticos tengan que modificarse, aunque esto se hará lo más lento posible. 

Dentro de la izquierda política, digamos que existen: 1) corrientes contrarias al Estado que plantean la creación de contrapoderes desde la sociedad civil, teniendo experiencias concretas difícilmente universalizables al resto de territorios; y 2) corrientes que plantean sus programas políticos desde el Estado, ya sea asumiendo las posibilidades otorgados en el actual marco de integración europea, profundizando críticamente en el modelo de soberanías compartidas, postulando otro tipo de formaciones supranacionales que no reproduzcan la desigualdad entre el centro y periferia de Europa, o apostando por una vuelta a la soberanía nacional.

Los límites impuestos por el modo de gobernanza neoliberal están siendo desafiados, incluso buena parte de sus élites han tenido que cancelar, cuanto menos temporalmente, algunos de los dogmas que regían la normalidad (De Guindos hablando de una renta básica, el anuncio desde la comisión de la activación de la cláusula de escape general del Pacto de Estabilidad, etc.).

N.F: ¿Consideras que la discusión en materia de política económica debe circunscribirse al marco del Estado nacional? ¿No hay horizonte posible en la UE y el Euro? ¿Permite la actual arquitectura de la UE y el Euro un combate eficaz de la crisis que se avecina?

A.V: Ahora mismo estamos viviendo ese debate. ¿Podemos luchar contra esta crisis múltiple con instrumentos coordinados o cada país evalúa su situación particular en función de sus preferencias, grupos de presión y dinámica parlamentaria? Lo segundo está teniendo mucho peso. Si las cosas continúan empeorando, se abrirá un urgente debate sobre si podemos afrontar la crisis con los instrumentos con que contamos o si, por el contrario, tenemos que romper el área monetaria única para contar con una política monetaria capaz de crear dinero para rellenar de actividad económica los huecos descomunales de miseria económica y humana que este enorme problema está provocando. También es muy importante saber con qué clase política permanecemos o salimos del área monetaria, porque su signo ideológico señala unas determinadas prioridades que hay que tener en cuenta: estar fuera del Euro con un gobierno de Vox puede traernos también sorpresas.

Principales actores de las redes del poder

N.F: Quien haga un balance de lo sucedido durante los últimos 40 años en España observará el marcado carácter clasista de las decisiones políticas y cómo estas han beneficiado principalmente al gran capital nacional y extranjero. Lo comenta Cordón: reconversión industrial, entrada en la OTAN, entrada en el euro con las condiciones de Maastricht; reformas laborales y de las pensiones, salvamento bancario; reforma del artículo 135 de la CE. Paradójicamente, el carácter clasista de estas decisiones ha pasado desapercibido para la sociedad en muchas ocasiones. Has comentado que a esto no sólo ayuda la falta de interés, sino la imposibilidad de realizar una fotografía de las élites.

En los últimos tiempos se ha utilizado retóricamente la figura del IBEX-35[i], sobre la cual has criticado su “fetichización” y de la que has dicho que “son empresas influyentes lógicamente, porque tienen un porcentaje importante del PIB, pero sólo son un actor más” que está controlado por fondos de inversión extranjero (“delegación del poder financiero internacional”). Prefieres optar por el reconocimiento de la pluralidad de élites (poderes territoriales, Comisión Europea, medios de comunicación…), esto es, no hay un solo centro de poder, sino varios, interconectados (en red). El mapeo que realizas de las élites  lo condensas en el libro (p. 16): 1) los principales partidos políticos del sistema, especialmente los que han formado gobiernos recientes; 2) las grandes empresas, españolas[ii] o no, integradas en el índice bursátil Ibex-35 o con bases en el extranjero; 3) las altas finanzas, verdadero poder internacionalista; 4)los grandes medios de comunicación; 5) el “poder burocrático de élite, ya sea judicial, diplomático, jurídico o fiscal, inserto en las instituciones estatales, y también en los grandes consejos de administración privados, en las autonomías; 6) los poderes supranacionales Europeos e internacionales, con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea; y 7) el poder militar y su corona.

Parémonos en los dos principales partidos del sistema político español, los cuales han protagonizado la gobernabilidad de estado hasta el reciente gobierno de coalición. En el libro recurres a la metáfora de Maquiavelo para caracterizar la relación de los ejecutivos de Zapatero y Rajoy con las élites: el PSOE se parecería al zorro y el PP al león. Estas diferencias tendrían que ver con las necesidades del sistema político:

Zapatero llega en un contexto de crecimiento en el que sus economistas de cabecera ignoraban lo que iba a venir. O bien, los más listos como [Miguel] Sebastián, lo intuían, pero no conocían la magnitud de lo que se venía, o no querían responsabilizarse de algo de lo que en realidad no eran responsables. Por eso comenzaron con una serie de reformas sociales cuyos beneficios estamos disfrutando ahora mismo y son muy positivos. Pero utilizaron la crispación que había para llevar a cabo un disparate económico que todavía no han reconocido. Y esto se debió a que la tecnoestructura imperante en aquel momento era muy proausteridad ortodoxa. Por eso fueron zorros, porque eran persuasivos […]. El Gobierno del PP jugó el papel del león porque cogió la política de recortes del PSOE y la multiplicó. Eso generó malestar entre la gente y su forma de parar el malestar fue con restricciones sociales y culturales. No por casualidad ponen en marcha la prisión permanente revisable, la Ley Mordaza, los tejemanejes de Fernández Díaz en Interior… Es una reacción para controlar la agitación en las calles. Es la diferencia entre el PSOE y el PP.

Comencemos por la experiencia socialista. Fernández Ordoñez comentaba las escasas diferencias en materia de política económica sobre el período 1982-1996, y tildaba al gobierno socialista como “el gobierno más privatizador de la Historia de España” (citado en p. 56). Tú tildas al gobierno de Zapatero como un “gobierno de simulacros”, caracterizado por una izquierda “efectista en lo cultural” pero “castrada para transformar el modelo económico”. Compartiendo esta castración en lo referido a lo económico, reconoces que las diferencias entre los economistas de estos partidos incluso pueden llevar al PSOE a un mayor compromiso con la austeridad: los del PP proceden de los bancos de inversión y son excesivamente optimistas con la financiarización; mientras que los del PSOE tienen un gran compromiso con la tecnocracia de la Unión Europea.

El gobierno de Rajoy sería el más paradigmático en lo referido a la dominación de las élites, pura pornografía de la explotación privada de los recursos públicos[iii]. El ejecutivo formado en 2011 es, literalmente, un ejecutivo integrado por lobbies: un “espectáculo para analistas de élites”. Esta transparencia del poder salta de forma evidente en lo que denominas el “ministerio de las incompatibilidades” de Montoro, en el que se usa “el conocimiento del Estado contra el Estado”, y en el que aparece de forma descarnada el ordenamiento de las instituciones públicas y la extracción de plusvalías privadas por parte de las élites.

Los datos sobre las Puertas Giratorias de los ministros que recoge el entrevistador de El Confidencial expresan la perduración de caciquismo de las élites: los gobiernos de la UCD y de Felipe González alcanzaron un 49% de ministros que accedieron a las mismas, en el PP de Aznar se dio un 51%, y en el del PSOE de ZP un 23%. Sobre la laxidad de la ley de incompatibilidades, específicamente para con los abogados del Estado (o en los casos de Santamaría o Rafael Catalá) has defendido la necesidad de observar a niveles intermedios o por debajo de la primera línea de la administración, como por ejemplo en el caso de la directora de Seguridad Alimentaria en el gobierno de Rajoy procedente de Coca-Cola. Has defendido ir más allá de directores generales y secretarios de Estado, rastreando el origen de estas prácticas en “la venta de las joyas de la corona” en la década de los ochenta. Por mencionar alguno de tus ejemplos, en el caso de Pedro Morenés se desvela de nuevo la lógica que describes durante el libro: una lógica totalmente ajena al ciclo electoral. Es una red de intereses en la que hay un reducido conjunto de personas que se van intercambiando favores. Tiene un ritmo propio totalmente ajeno a la democracia y toma al Estado con una función completamente diferente, pues debería ser un problema para estas empresas, pero no, es la solución al aprovisionamiento económico de estas grandes élites empresariales.

¿Ha sido sólida la interrelación entre estos actores durante las experiencias analizadas en el libro?

A.V: La solidez es mucho mayor que la detectada en mi trabajo. La razón es que el investigador, en este caso, acude a fuentes objetivas, al BOE, a los sitios Web oficiales del Parlamento, del Registro Mercantil… La densidad de la red es mucho mayor, porque el investigador no capta todos los acuerdos ocultos, las amistades, la pertenencia a órdenes religiosas exclusivas, parentescos, etc. La conciencia de clase de esa élite, su pertenencia a clubes que están para reforzar esos lazos, a las universidades y escuelas de élite, los colegios… Todo esto, que es una estructura, no un plan de unos pocos para dominar el mundo, configura una red de manera casi biológica, natural, y con ello, una forma de pensar. Al final es como una necesidad la de esa interrelación, con grandes beneficios, grandes responsabilidades privadas y públicas, grandes pérdidas y sufrimientos también. Es el ‘drama’ de la clase dominante, determinada desde la cuna a ser la gran captadora de plusvalías, la que adopta decisiones importantes, la que jamás será comprendida por el vulgo… Por todo ello, los lazos que se establecen entre sus miembros pueden ser fuertes. Al final, casi todos ellos se conocen y están dispuestos a ayudarse, aunque no sean una unidad y se compita, haya disputas empresariales, enfrentamientos polarizados entre partidos… Pero hay una necesidad de preservar ese sistema que tiene muchos años y un movimiento propio.

N.F:De entre los actores que conforman las redes de poder en España: ¿Cuáles han sido más favorecidos en cada uno de estos ejecutivos? ¿Cuál ha sido el papel de los medios de comunicación en cada uno de ellos?

A.V: Todos los grupos de poder están siempre en movimiento, interaccionando. Los lobbies empresariales no pueden perder un minuto y se protegen de los impuestos, la regulación, el intervencionismo, etc. Al mismo tiempo, los gobiernos tienen sus objetivos y metas políticas. Esto lleva a una negociación, enfrentamiento y entrelazamiento continuo. Los gobiernos conservadores, de UCD a PP, han sido en principio más sensibles a los intereses empresariales, con una burocracia en la que destacan unos cuerpos frente a otros –como los abogados del Estado. Eso no quiere decir que los gobiernos del PSOE no sean proclives a las empresas y pueden hacer cesiones a estas en ocasiones mayores. Pero además el panorama se complica, porque hay que interaccionar con el poder territorial, en muchas ocasiones con vocación nacionalista o independentista, los poderes de la Unión Europea –ahora lo llamamos la Troika–, el aparato del partido, sindicatos, etc. En general, todo grupo juega sus cartas y obtiene ganancias, obligándonos a concebir la democracia realmente existente como una especie de mercado de intercambio. Lógicamente, poderes como el empresarial, cuanto más unificado está, más fácil lo tiene para que se escuchen sus prerrogativas. Y hay que decir que, en el ámbito económico, los dos partidos se han parecido bastante, aunque hay que admitir que, mientras el PSOE de los ochenta y noventa gestionó una situación muy difícil, al PP le toca una salida de la crisis y el inflado de una burbuja inmobiliaria que ha supuesto la pérdida de una gran oportunidad y de una década.  

Quería apuntar una cuestión sobre tu comentario sobre los leones y los zorros. Si bien es cierto que la primera legislatura del PSOE conforma una serie de avances en derechos sociales (“efectismo cultural”) a la par que una “castración” en política económica, y que el ejecutivo de Rajoy fue abiertamente oligárquico y antidemocrático (un retroceso tanto en lo cultural como en lo económico), pienso que las políticas impulsadas por estos no sólo se fundan en su voluntad, sino que también en la debilidad estructural de la izquierda social y política de aquel momento. Creo que una izquierda radical, pero con vocación de gobierno puede influir mucho más, aunque desde la oposición, mismo en condiciones de una mayoría absoluta de otra fuerza política. Esa izquierda tiene una capacidad mayor de interpelar a la sociedad civil (sindicatos, agrupaciones, asociaciones, movimientos sociales), y de efectuar un trabajo en el Parlamento que controle los ejecutivos.  

N.F: ¿Qué papel desempeñó la oposición de izquierda en estas legislaturas? ¿Consideras que sus carencias a la hora de articularse como un bloque político pudieron afectar positivamente a estos avances? O lo que es lo mismo: ¿La existencia de un espacio político sólido en ese momento hubiera afectado en algo a las políticas realizadas?

A.V: Está claro. Pero añadiría más: si la mayoría de nosotros pensamos que el gobierno de Zapatero trajo paro e identificamos las etapas del PP como fases en las que la economía prosperaba gracias a la austeridad, los gobiernos como el de Rajoy lo tendrán aún más fácil. Gobernaban en casi todas las capitales y autonomías, el PSOE apenas superaba los cien escaños y tenía la crisis más grave de su historia. Todo parecía a favor de los intereses conservadores. Sin embargo, luego sucede que los escándalos de corrupción y algunas medidas adoptadas les desgastan, porque experimentan la presión de la ‘Troika’, por lo que nadie queda libre de estos poderes que no pasan nunca de moda y que, en un país como el nuestro, sin soberanía, ni casi voz ni voto, tienen cada vez más influencia.

Después, con el surgimiento de Podemos, sí se va articulando una oposición mayor, aunque hay que reconocer que dicha oposición, política e ideológica, no ha penetrado nunca mucho en ese elemento hegemónico que es hoy la Economía, una ciencia social ideologizada con una serie de definiciones que no hemos querido revisar, como los objetivos de la política económica, las causas del desempleo, la inflación o la naturaleza del dinero. Todo eso está pendiente y una oposición ideológica que quiera ser sólida debe penetrar ahí. En los años de Rajoy no se hizo apenas ningún intento.

Principales casos analizados por Andrés Villena

N.F: Son muchos los casos observados en el ensayo de Andrés Villena: la exclusión gubernamental de Panamá como un paraíso fiscal a cambio del logro de contactos de Sacyr allí, el escándalo del Comisario Villarejo, la trayectoria de Carlos Ocaña Orbis, o las incoherencias en torno a la burbuja inmobiliaria de Miguel Ángel Fernández Ordoñez[iv].

¿Qué escándalos han tenido mayor visibilidad y cuáles consideras que han sido los que más se instauraron en la memoria de la ciudadanía? ¿Cuáles han sido los más escandalosos? ¿Y los más invisibilizados?

A.V: Creo que lo que más queda es la corrupción política, el robo cuando este ha sido ya sancionado por la ley, por los jueces, por la Policía. Por eso, lo de Rodrigo Rato sí queda en la memoria; o las maniobras de un oscuro comisario. Porque son historias más fáciles de digerir, porque se corresponden más con la ficción que vivimos. Nada queda de que un Teco como Miguel Ángel Fernández Ordóñez negase la burbuja inmobiliaria una vez instalado en su puesto, o cómo gestionó la caída de las cajas de ahorro, o las ayudas a los bancos. Nada tampoco sobre la alianza para salvar a las constructoras, la amnistía fiscal de las SICAV, etc. O el crimen económico de la Ley del Suelo, de negar la burbuja inmobiliaria y decir (Aznar) que España iba bien, con una supina ignorancia económica y un sesgo optimista que luego se vio a qué conducía. Quizá sean los asuntos estructurales los más graves, como considerar que este Euro es la única forma de vivir en Europa.

Yo creo que seguimos considerando más graves los escándalos de corrupción política porque son la punta del iceberg, que solemos atribuir a esa aberración que algunos denominan ‘ADN cultural’, lo que me parece uno de los mayores absurdos que pueden pronunciarse como explicación o justificación.

La naturaleza subsidiaria del Estado español desde el franquismo nos conduce a socializar pérdidas y privatizar ganancias. Es un modelo, y puede tener casos más estridentes y más divertidos de leer. Esto es lo triste: que nos quedamos con la anécdota, con la puerta giratoria, y no con el hotel en el que esa puerta gira. 

Régimen del 59

N.F:Expones que el inicio de las redes del poder en España se sitúa en el Plan de Estabilización de 1959 y el llamado Clan de la Dehesilla[v]. Haces referencia a lo que Narciso Pizarro denominó la “élite de la transición”, y consideras que no se puede entender la dirección política del régimen del 78 sin considerar a los “ministros tecnócratas de Franco”, los cuáles conformaron una “red cerrada y endogámica” con formas de pensamiento similares. Aquí señalas al Instituto Nacional de Industria como una institución clave en la que “socialdemócratas” como Boyer y Mariano Rubio comenzaron su carrera hasta los ministerios técnicos en el gobierno de Felipe González, dónde abrazaron el monetarismo, las políticas de tipo de interés alto y la defensa de la inflación baja en una situación de alta tasa de desempleo.

No cabe duda de que el rastreo que realiza Villena dilucida muchas de las claves explicativas de la transición, constatando la influencia de estos resortes del franquismo en su funcionamiento. Junto a estos precedentes, explicas que paralelamente al desarrollo de la transición se sucedió el triunfo del neoliberalismo, lo que contribuyó al asentamiento de un discurso que entendía a las masivas privatizaciones como sinónimo de la modernidad. En la Transición, mediante una generación de economistas formados durante la década de apertura (60-70), inflados moralmente respecto del pasado autárquico del franquismo, se asienta un pensamiento único neoliberal. Hoy tenemos a una oligarquía que cada dos por tres utiliza la Constitución como un ladrillo, defendiendo su sentido privado y privativo del Estado[vi].  De aquellos barros estos lodos.

Me has comentado que estás trabajando en nuevas líneas de investigación que se fijan en esta fase de finales del franquismo, en la que se instaura el régimen tecnocrático español a través del Plan de Estabilización. De hecho, consideras que, en lo referido a la ideología dominante, el Reino Español es más régimen del 59 que del 78[vii]. Esto que señalas es una cuestión que se nos escapa generalmente a los que defendemos posiciones de justicia social. Comentas que desde esta etapa se suceden importantísimas redes y estructuras, y que de su mayor vivero (el Banco de España) salen los principales economistas del país.

¿En qué consiste este régimen del 59? ¿Cuáles son sus principales redes? ¿Cómo se desarrolla el proceso de conformación del régimen tecnocrático?

A.V: Es una red dual en la que hay una serie de instituciones –Banco de España, Instituto Nacional de Industria, Ministerio de Hacienda– que llevan a cabo su propia transición. No es la entrada de un neoliberalismo radical, es una mezcla tecnocrática de proteccionismo procedente del régimen previo, desarrollismo, una apertura esperanzadora pensando en Europa y una tesis, la de la modernización, que consideraba que el crecimiento económico nos traería la democracia. Y nos la trajo. La democracia que tenemos, con una serie de lastres que todavía experimentamos.

Miguel Boyer, Mariano Rubio, Luis Ángel Rojo, Carlos Solchaga, etc., eran excelentes técnicos que profesaban posiciones antifranquistas, pero que son absorbidos por las instituciones donde se decide la política económica. Los ministros franquistas sabían de estas posiciones, pero primaron el talento, el conocimiento y la moderada militancia de estos técnicos. Eran demócratas, sin duda, demócratas que acaban en esa jaula de hierro que es el Estado. Son los protagonistas de nuestra transición económica, con una retórica europeísta que intentaba escapar de la eterna tragedia española: la de la guerra, la pobreza, la miseria. Con esto, entramos en una especial modernidad, como una Ilustración particular, un despotismo ilustrado que consideraba la estabilidad monetaria como la garantía para preservar la democracia y seguir desarrollándonos.

No todo fue malo, por eso es un régimen con visos de pervivir. En todo régimen como sistema de relaciones entre personas e instituciones dominantes, existe un mito y un discurso que convence, que justifica lo que está ocurriendo. El nuestro es la modernización, la sociedad de consumo, la entrada en Europa, el hecho de que con todo esto nos garantizamos una democracia y la aceptación de las instituciones de la globalización, oportunidades, movilidad social, estabilidad.

No es poco, los primeros ministros del PSOE se enfrentaron a grandes retos sin que hubiera, además, ningún otro país en Europa con experiencias alternativas. No solo se quedan solos frente a la revolución neoliberal, sino que además sus prebostes técnicos ya la han aceptado y aplican una versión nacional y algo más moderada. Esta es la idea del régimen del 59, la modernización por encima de todo para salvarnos del desastre: resulta muy difícil oponerse a esa idea, máxime cuando todavía, a estas alturas, no se ha abierto un solo debate, por ejemplo, en la televisión. Será que todos somos alumnos de dicho régimen. 

Nueva derecha española

N.F: Me queda preguntarte por la actualidad. En primer lugar, me gustaría conocer tu opinión acerca de Vox. A tu “metáfora explosiva” para definir los ejecutivos del PSOE (erotismo) y del PP (Pornografía), Villacañas añade que esta formación política de nuevo cuño no es más que el complemento de eso que se llama liberalismo español, una ideología de pantalla del patrimonialismo de Estado cuya doctrina desde el siglo XIX es: ordeña al Estado para los amigos. Tú has caracterizado a esta formación como “una expresión decadente de la clase dominante”, comentado en distintas ocasiones la composición social de VOX y el perfil típico de sus dirigentes:

Iván Espinosa de los Monteros, un empresario inmobiliario, y su mujer, Rocío Monasterio, arquitecta, trabajan conjuntamente. Una pareja política y también la ha sido empresarial. ¿De dónde viene la saga Espinosa de los Monteros? Su tío bisabuelo fue embajador en la Alemania de Hitler. Ahora nos encontramos con un neofascismo germanófilo que está perfectamente conectado con el inicial. El padre de Espinosa de los Monteros fue el número dos de Inditex, es el número uno de Mercedes Benz. […] Rocío Monasterio, por su parte, procede de una familia que trajo el Kentucky Fried Chicken a España. De ahí la frase que he dicho alguna vez, de manera hiperbolizada, que el fascismo llegó a España a través del pollo frito. Esa familia tuvo problemas con Fidel Castro porque eran propietarios de azucareras”. ¿Qué es VOX y qué posición crees que desempeñará en el sistema político? ¿Será fuerza de gobierno en algún momento o se dedicará a atraer hacia sus posiciones a la “centro-derecha”? ¿Las condiciones sociales y económicas venideras pueden impulsar su apoyo electoral y/o dirección cultural?

A.V: Es preciso tener en cuenta lo más importante: el cataclismo social que vivimos. Aquí puede valernos la metáfora del terapeuta. La sociedad española está deprimida, como ahora, y va a un terapeuta, que le permite analizar los males que le afligen. Y tiene dos opciones: enfrentar esos males, u optar por huir de ellos: alcoholismo, medicación, dedicarse a viajar sin ton ni son, trabajar alocadamente, etc. La primera opción, la de reconocer y solucionar problemas, es la que considero progresista, independientemente de donde venga. La segunda es la que para mí representa la extrema derecha: empezar a adoptar soluciones fáciles que nos descargan de responsabilidad, que señalan a otros, que crean polarizaciones, que nos devuelven a una minoría de edad. Y entonces estaríamos ante una versión intensificada de lo que fueron los gobiernos de Rajoy, ejecutivos corporativos con muchos lobbies integrados que, al mismo tiempo, practican una política represora y cultural sumamente agresiva, identificando enemigos. Ya están hablando de ‘los enemigos de España’, algo que, además de franquista, refleja su programa de gobierno y su discurso. Y, claro, la competición electoral hace que los otros partidos, queriéndolo o sin querer, se hagan con algunas de sus propuestas, como si fueran puertas giratorias discursivas. Con el presente panorama, tienen una gran oportunidad, me temo.

Gobierno de coalición: ¿Enterrará el síndrome de Mitterrand?

N.F: Después de la primera experiencia de Sánchez, que entendiste como un “gobierno de continuidad administrativa”, se sucedieron unas elecciones generales. Hace unos meses se constataba que la posibilidad de un pacto entre C´s y el PSOE era la preferida por las élites, pero meses después, tras una aparición de la autonomía de lo político por parte del partido naranja, se hundió esta opción. Recientemente, tras unas repeticiones electorales y una correlación de fuerzas parlamentaria menos favorable para las fuerzas transformadoras, se ha conformado un gobierno de coalición entre Unidas Podemos y el PSOE. Sobre las posibilidades de que se produjese este acuerdo, tú comentabas que la supeditación a los objetivos del déficit público y la vocación continuista del PSOE lo complicaría.

Tras el anuncio de acuerdo entre UP y PSOE en torno a un programa común, has dejado tres artículos que entran a remover lo sedimentado y a pensar en nuevos horizontes que superen la crisis del neoliberalismo: En ¿Qué margen tiene el gobierno de coalición para reorientar la economía? expones el debate sobre las limitaciones y posibilidades de un gobierno bajo la coyuntura económica e instituciones actuales, recogiendo la opinión de Raymond Torres, Lídia Brun y Esteban Cruz sobre los condicionantes de la deuda, el déficit[viii] y la soberanía; en Gobierno de coalición: enterrar el ‘síndrome Mitterrand’, tú y Juan Laborda realizáis una lectura comparada entre el nuevo gobierno y la experiencia francesa de los ochenta. En este artículo entendéis necesario “enterrar el síndrome Mitterrand[ix]” para abrir un enriquecedor debate sobre política económica que muchos ciudadanos llevan tiempo queriendo presenciar y comprender; y en De ZP a Pedro Sánchez comentas el revival de la ilusión que generó el primer gobierno de Zapatero con la constitución de la coalición, y en qué medida puede canalizarse en una serie de medidas de progreso.

Creo que ha existido alguna experiencia de gobierno similar, pero desde luego que la de Mitterrand en 1981 es la más paradigmática. Aquí fijáis 3 cuestiones que son clave: 1) la desarticulación social derivada de las políticas deflacionistas impulsadas para combatir la inflación desde los años setenta; 2) la evolución del Sistema Monetario Europeo desde el final del acuerdo de Bretton Woods hasta el funcionamiento del euro, caracterizado por la imposibilidad de una devaluación monetaria competitiva, y donde el desempleo emerge como la principal variable de ajuste; y 3) la organización del gran capital, que en aquellos años limitó la inversión como respuesta al momento de la tasa de ganancia, y frente al cual se asumieron los objetivos de estabilidad monetaria.

Me gustaría conocer tu opinión acerca del programa de gobierno anunciado por PSOE y UP. Creo que durante los consensos de posguerra establecidos en Europa se sucedieron acuerdos programáticos más o igual de ambiciosos que en este programa, lo que pone de manifiesto que el contexto internacional actual pone patas arriba el sentido histórico de la política económica. Roy William Coby  comentaba que este podía constituir un programa de transición y abrir una ventana de oportunidad hacia la reconstrucción de la izquierda institucional. En su artículo otorga una importancia significativa a las medidas dirigidas a impedir las restricciones habituales a las que están sometidos sindicatos y movimientos sociales, argumentando que se debe postular unas nuevas bases materiales que apoyen a los agentes y fuerzas encargados de impulsar el acuerdo. Para él, una agenda progresista no debería quedarse sólo en una redistribución de la riqueza, sino que debe avanzar en la redistribución de las fuentes que la originan[x].

¿A qué márgenes y limitaciones se acoge el gobierno de coalición? ¿Enterrará el síndrome de Mitterand? ¿Consideras ambicioso el programa de gobierno? ¿Cómo evalúas la composición de los ministerios? Y digamos, con la crisis que se ha desatado, ¿tendrá la suficiente valentía y audacia un gobierno que hereda determinadas redes de poder?

A.V: Lamentablemente, lo sucedido recientemente modifica cualquier cálculo que pudiera hacerse. Creo que este gobierno avanzaba razonablemente cuando ha estallado la súper crisis. Ahora se ve dividido en dos partidos y, además, limitado por la delegación de la Troika en España, como señalé en el libro, el ministerio de Nadia Calviño, que va a priorizar el criterio del déficit mientras colapsan los Servicios Sociales, una prueba palmaria de la dictadura de la Economía sobre la Política, de la despolitización de la vida actual y de nuestro déficit democrático, combinación de tradición histórica y de una Eurozona asimétrica (egoísta) y malformada, que en cada crisis demuestra una estructural falta de solidaridad. Este es el más difícil todavía para el gobierno actual, que debe ser valiente y comprender la naturaleza del dinero, destinando este a la recuperación y reanimación de toda forma de vida económica posible, a una renta básica, a programas de trabajo garantizado y a toda ayuda que los colectivos que aportan valor añadido. Es, tristemente, un momento keynesiano que no nos van a dejar vivir por las restricciones del área monetaria en la que vivimos. Y volvemos al régimen del 59: nos dirán que fuera del Euro, España estaría ahora sufriendo muchísimo más. Es posible: nunca lo sabremos. Lo que sabemos es que la democracia es justo lo contrario de lo que decía el presidente del fondo Blackrock: ‘elegir a los líderes que adopten las decisiones adecuadas’. La democracia es la libertad de elegir a representantes que se puedan equivocar y que tengan como máxima obsesión trabajar a favor de la mayor cantidad de personas y colectivos posibles


[i] Introducimos la respuesta de Villena en La Marea sobre la influencia del IBEX-35:

 “Son 35 empresas y no deberíamos centrarnos solo en ellas. Hay que tener en cuenta que estas compañías ya han sido penetradas por grandes fondos internacionales que van haciéndose hueco en todas las empresas del mundo e influyen en la gerencia, marcha o decisiones. No habría que fetichizarlas demasiado, pero es cierto que el poder ya no es nacional sino que está conectado internacionalmente. El IBEX 35 es una delegación de ese poder financiero internacional.

Influyen en el día a día. Las grandes empresas forman parte de ese intercambio continuo de personal entre lo público y lo privado. Si miras los puestos de secretario de los consejos de administración de las 35 empresas, te darás cuenta de que un porcentaje superior al 80% son abogados del Estado. ¿Y qué son los abogados del Estado? Son personas formadas en la Administración pública. Y aquí nos damos cuenta de que el IBEX 35 no tiene una naturaleza completamente privada.

Utilizan ese paradigma de lo privado, pero no es verdad. Amancio Ortega es el dueño de una empresa que está dirigida por Pablo Isla, que es abogado del Estado, y que tuvo hasta hace poco a Carlos Espinosa de los Monteros, un ‘teco’ [Técnico Comercial Economista del Estado] y alto funcionario, como vicepresidente. Aquí se pueden ver esas redes dentro del propio IBEX.

A esto hay que añadirle los grandes contratos públicos en los que compiten estas grandes empresas o sus filiales. En las condiciones de estos concursos públicos se puede influir de muchas formas, algunas más legales que otras. El tema de la libre competencia o de la meritocracia, la mayor parte de las veces es falso”.

[i]  Por mencionar alguno de los ejemplos de Villena, tenemos el caso de OHL, una de las grandes empresas constructoras españolas: “OHL es una empresa con una conexión muy fuerte con la Corona, que le concedió un título aristocrático al patriarca. Villar Mir era ingeniero de Caminos, ministro en la primera parte de la Transición, adepto al régimen… Y luego se descubre el tema de los sobornos. Y no solo esto, sino también el reparto de contratos públicos con otras empresas similares. Porque no solo es construcción, también es la recogida de basuras, la limpieza de colegios… Estos son mecanismos mafiosos al alcance de grandes acumulaciones de capital como OHL”.

[ii] Por mencionar alguno de los ejemplos de Villena, tenemos el caso de OHL, una de las grandes empresas constructoras españolas: “OHL es una empresa con una conexión muy fuerte con la Corona, que le concedió un título aristocrático al patriarca. Villar Mir era ingeniero de Caminos, ministro en la primera parte de la Transición, adepto al régimen… Y luego se descubre el tema de los sobornos. Y no solo esto, sino también el reparto de contratos públicos con otras empresas similares. Porque no solo es construcción, también es la recogida de basuras, la limpieza de colegios… Estos son mecanismos mafiosos al alcance de grandes acumulaciones de capital como OHL”.

[iii] Responde en su entrevista al Confidencial que:

 “El ministro de Defensa venía de la industria armamentística, el de Economía de Lehman Brothers. María Flavia Rodríguez-Ponga Salamanca, que la pusieron en Seguros y pensiones, venía de Mutua Madrileña. En Seguridad alimentaria, Ana Mato había colocado a una ex de Coca-Cola […] pero si mirabas un poco más, el nuevo director de aquel mismo departamento de Coca-Cola venía de Seguridad alimentaria con el gobierno del PSOE.

Montoro, ministro de Hacienda, había fundado en 2006 una consultora para optimizar fiscalmente empresas, algunas de Gürtel. Su número dos, Miguel Ferre Navarrete, venía de PriceWaterhouseCoopers y dentro de ella era el socio de fiscalidad internacional. PWC estuvo de lleno en el escándalo de LuxLeaks […]”.

[iv] Se trata de uno de los casos más llamativos de su libro, y uno de los más comentados en las entrevistas a Villena. MAFO, gobernador del Banco de España que tuvo un polémico papel en la inspección bancaria, según Villena es junto con Jaime Coruana el peor de los gobernadores en la historia democrática de España. Nuestro entrevistado expone su vinculación con el grupo PRISA y su contradictoria actuación a sabiendas de la Burbuja inmobiliaria: paso de su denuncia, en dónde exponía que la economía española entraría en crisis con el final de los tipos bajos del Banco Central Europeo  a la prohibición del uso del término “burbuja”, realiza una regulación de las “fusiones frías” mediante un trato dispar entre los Bancos y las Cajas, y se centra en la “flexibilización del mercado laboral”. Por si fuese poco, Villena nos recuerda que él fue el impulsor de la reforma fiscal que retiro el control de la Agencia Tributarias sobre las SICAV.

[v] En su entrevista a El Confidencial comentaba que la composición de este Clan: “El Clan de la Dehesilla, con Boyer, Mariano Rubio, los Garrigues-Walker, gente aperturista que no era del Opus Dei, junto al empresario Claudio Boada, de Ford España, Rafael del Pino, de Ferrovial, y su cuñado Leopoldo Calvo Sotelo”.

 Un poco más abajo, Villena comenta como esta tecnocracia se instala en el PSOE defraudando las expectativas populares depositadas en Felipe González. Utiliza como ejemplo a Boada: “Boada estuvo en el franquismo, en la Transición estuvo en el INI y luego pasó a lo que sería después Repsol, y su hijo ha sido presidente de Lehman Brothers España y de Blackstone”. El autor nos deja claro quienes han dirigido la política económica desde los gobiernos socialistas.

 Por supuesto que Zapatero no se escapa de esta realidad, como demuestran los frecuentes contactos que mantuvo con Intermoney, mediante los que se  generó una amplia red de tecnócratas: “Miguel Sebastián estuvo en Intermoney y tuvo posiciones claves. Carlos Arenillas era un gestor de SICAV y de ‘hedge funds’ y le pusieron de número dos en la CNMV. David Vegara acabó de número dos de Pedro Solbes. La red es tan densa que cuando llega Mercedes Cabrera de Ministra de Educación, que es esposa de Carlos Arenillas, su jefa de gabinete, Carmen Balsa, es la esposa de Vegara. Hay redes endogámicas. Las élites no son ni de izquierdas ni de derechas, son tendencias a crear clanes endogámicos que inevitablemente acaban convirtiendo los medios en fines”.

[vi] En Público, Villena comenta que:

 “Elena Salgado, Carlos Espinosa de los Monteros, Pedro Morenés, Eduardo Serra, Carlos Solchaga o Javier Gómez Navarro. Todas estas personas […] tienen en común haber pasado por grandes empresas, a lo largo de su vida han acumulado al menos cinco consejos de administración, y la mayoría son ex funcionarios de élite, que han pasado por la administración pública, […] y están muy integrados en la empresa privada. Cuando haya un manifiesto de la España constitucional te los vas a encontrar a todos defendiendo la patria, eso sí, una patria privada. Después de tantos años en diversas empresas, ya no defienden los intereses de una de ellas, sino los intereses de todas. Les interesa que vaya bien el Ibex 35 y las finanzas del país, y son los que acaban dirigiendo la economía porque participan de fundaciones, de Think-Tanks, hacen donaciones, están en las universidades. Ellos son los que dictaminan los caminos por los que debe conducirse el país, las reformas, las inversiones, los pactos con otros países. Son estadistas privados. Se dice que un buen presidente tiene que tener sentido de Estado, y en España estas personas tienen sentido de Estado privado

[vii] A la pregunta de si “los poderes ocultos” del estado son similares a la mafia, Villena respondía en el programa de Juan Carlos Monedero que: “Si, pero es peor que la mafia porque es una mafia legítima, legitimada. Y voy a decir algo que a lo mejor parece una barbaridad: En el 39 hay una victoria militar que fundamenta un expolio brutal; en el 56-59 hay otro golpe mucho más fuerte que el del 39 porque se legítima ideológica y económicamente el régimen franquista. Sesenta años después no se cuestiona el Plan de Estabilización y el proceso de convergencia hacia la Unión Europea. Tienen muchas cosas buenas pero se produce bajo una ideología única: sólo hay una economía que se juzga como Ciencia; si haces otra economía se te considera político. No hace falta que te apunten con una pistola: yo no estoy en la academia porque no hago Ciencia, hago política; si quiero ir a la academia, tendré que hacer Ciencia. Los mecanismos de dominación son más sutiles a día de hoy, pero son más efectivos”.

[viii] Pensamos que esta parte del artículo sintetiza la irracionalidad de establecer, a priori, un objetivo presupuestario:

 “La realidad es que el signo y tamaño de las cuentas públicas no debería ser entendido más que como un resultado contable derivado del logro de los objetivos macroeconómicos y sociales que democráticamente elegimos en comunidad. Fijarse como prioridad un objetivo presupuestario específico es renunciar de facto a tus políticas económicas sociales”.

[viii]  Reproducimos los tres factores que Villena y Laborda consideran determinantes en la experiencia de Mitterrand:

“[…] los brotes verdes franceses terminaron por quedar aplastados por tres factores que se retroalimentaban. En primer lugar, las políticas deflacionistas aplicadas en otras naciones que, como Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, operaban con medidas diametralmente opuestas. Condicionados por el miedo a la inflación, estos gobiernos incrementaron los tipos de interés de los bancos centrales para secar la economía real, con lo que la inflación se moderaría y, además, el incremento del desempleo serviría para “desarmar al mundo del trabajo”, como un asesor de Margaret Thatcher declararía unos años después.

[…]En segundo lugar, por una política monetaria condicionada. En otras circunstancias, Francia podía haber respondido a la adversidad devaluando el franco o dejando flotar libremente la moneda nacional para que sus productos se volvieran más competitivos en el mercado internacional y, también, para que los encarecidos productos alemanes y estadounidenses encontraran competidores en la propia Francia. Pero, tras la muerte del acuerdo de Bretton Woods (1973), algunas naciones habían decidido fijar su tipo de cambio al de otras para garantizarse una estabilidad monetaria. Francia, en el seno del Sistema Monetario Europeo, estaba obligada a priorizar el control de la inflación y la competitividad de los costes.

[…]El tercer pilar no era precisamente menor. Como había ocurrido también en Estados Unidos, la organización de los grandes empresarios del país, íntimamente conectada, llevaba ya varios años conteniendo la inversión como respuesta a la renuente tasa de ganancia. La entrada de Mitterrand y los avances en derechos laborales y sindicales dispararon una desconfianza que se materializó en una menor inversión y en mayores fugas de capitales”.

[ix] Reproducimos los tres factores que Villena y Laborda consideran determinantes en la experiencia de Mitterrand:

“[…] los brotes verdes franceses terminaron por quedar aplastados por tres factores que se retroalimentaban. En primer lugar, las políticas deflacionistas aplicadas en otras naciones que, como Estados Unidos, Alemania y Reino Unido, operaban con medidas diametralmente opuestas. Condicionados por el miedo a la inflación, estos gobiernos incrementaron los tipos de interés de los bancos centrales para secar la economía real, con lo que la inflación se moderaría y, además, el incremento del desempleo serviría para “desarmar al mundo del trabajo”, como un asesor de Margaret Thatcher declararía unos años después.

[…]En segundo lugar, por una política monetaria condicionada. En otras circunstancias, Francia podía haber respondido a la adversidad devaluando el franco o dejando flotar libremente la moneda nacional para que sus productos se volvieran más competitivos en el mercado internacional y, también, para que los encarecidos productos alemanes y estadounidenses encontraran competidores en la propia Francia. Pero, tras la muerte del acuerdo de Bretton Woods (1973), algunas naciones habían decidido fijar su tipo de cambio al de otras para garantizarse una estabilidad monetaria. Francia, en el seno del Sistema Monetario Europeo, estaba obligada a priorizar el control de la inflación y la competitividad de los costes.

[…]El tercer pilar no era precisamente menor. Como había ocurrido también en Estados Unidos, la organización de los grandes empresarios del país, íntimamente conectada, llevaba ya varios años conteniendo la inversión como respuesta a la renuente tasa de ganancia. La entrada de Mitterrand y los avances en derechos laborales y sindicales dispararon una desconfianza que se materializó en una menor inversión y en mayores fugas de capitales”.

[x] Alguna de las propuestas orientadas en esta dirección son minimizar los recursos hacia escuelas concertadas e instituciones de creación de cuadros conservadores, facilitar la movilidad en ciudades (intensificando el tejido urbano y aprovechando economía local), garantizar el derecho a la vivienda o reforzar las asociaciones vecinales y culturales.

[i] Dice Villena que:

 <<A este fenómeno ni siquiera escapan Amancio Ortega, el ‘self-made man’, ni Ramón Areces, de El Corte Inglés, que empezó con un tallercito, o la gente del FNAC, que era una cooperativa anarquista de revelado de fotografías. El presidente actual de Inditex es Pablo Isla y no es un empresario hecho a sí mismo, es abogado del estado, funcionario. Fue nombrado por Aznar en el 96 jefe de Patrimonio del Estado en un momento clave en el que se iban a hacer numerosas privatizaciones. Después pasó por Altadis, la Tabacalera privatizada, y llegó a Inditex.

Durante mucho tiempo el vicepresidente de Inditex ha sido don Carlos Espinosa de los Monteros y Bernaldo de Quirós, el presidente de Mercedes Benz, que también es funcionario, economista del Estado. Fue asesor de los gobiernos de Calvo Sotelo, directivo del INI, presidente de Iberia cuando era pública, para tener después una carrera impresionante en el sector privado y ser, por cierto, padre del Espinosa de los Monteros de Vox y de Beltrán, directivo de Stradivarius.

Hasta Ortega tiene que contar con el papel promotor y protector del Estado. Al Estado no se le puede negar la existencia aunque luego en conferencias del Círculo de Empresarios se hable de que debe retirarse para que entre la inversión privada. Aparte, estos Espinosa de los Monteros tienen la cualificación ideal para contribuir a la optimización fiscal, que estas empresas puedan reducir al máximo su tributación sin infringir la ley, un punto fundamental para la cuenta de resultados>>.

[ii] Escribe Villena que:

 “En 2012, la virtuosa interacción entre la gran empresa y el nuevo Estado del PP –dos actores que resultaban difíciles de distinguir– contribuiría a una flexibilización de dicha legislación para que casi cualquier rico pudiera tener una SOCIMI, promoviendo un entramado societario con el objeto de que los grandes fondos consiguieran las mayores plusvalías sin apenas tributar. El pelotazo inmobiliario estaba servido. El sueño del libre mercado consistía, en realidad, en una reducida red social de poderosos capaz de hacer casi todo posible”.

[iii] Comenta Villacañas que “En determinados círculos de Madrid ya corría el chiste: un lobista tiene que tener una de estas tres cosas: un buen asesor fiscal, y si falla un buen abogado, y si falla también, un amigo en la Dirección General de Prisiones. La lógica del chiste no era solo que todo es ilegal, sino que esa era la consecuencia de tener amigos en la Administración popular madrileña. El esquema de gobierno que empezó con el Tamayazo quizá mantuvo su lógica hasta el final”.

[iv] Responde Villena en la entrevista: “Cristóbal Montoro, en el año 2006, llevaba dos años fuera del Gobierno cuando montó una empresa llamada Montoro y Asociados. Era una empresa que se dedicaba a asesorar a las compañías para que tributaran lo mínimo a Hacienda.

Lo que me llama la atención es que se trajera del Ministerio de Hacienda al que fuera director de la Agencia Tributaria, Salvador Ruiz. Es decir, estás utilizando al tío que controla la Agencia Tributaria, que se sabe todos los trucos, y lo pones a favor de las empresas”.

[v] En la entrevista en CTXT encontramos una matizada respuesta sobre si Podemos ha caída en la jaula de hierro estatal: “Es en este nivel de agotamiento psicológico en el que también se han dado las luchas de egos, pero hay que ponerlas en este contexto para realizar un análisis justo. Estos procesos no actúan en un vacío social, la realidad no es neutra, en eso que llamamos ‘la realidad’ hay actores más poderosos que otros”.

[i] En su entrevista a La Marea, Villena ofrece una definición que consideramos precisa:

 “En el momento en el que los Estados se complejizan, necesitan una especie de ‘mecánicos’, es decir, personas especializadas en resolver determinados asuntos para los que no bastan meros militantes. La tecnoestructura la conforman juristas, estadísticos, especialistas en Hacienda… Personas que asesoran y que están detrás del estudio que precede a la adopción de las grandes decisiones, que suelen ser complejas y con un riesgo de equivocación muy grande”.

 Para referirse a la tecnoestructura, nuestro entrevistado utiliza como metáfora al “mecánico” que arregla “coches” (el estado): “Cuando gobiernas es como conducir un coche, y la tecnoestructura es el mecánico que vas a necesitar para cada imprevisto. No ha habido un gobierno español que no haya pilotado un ministerio sin ellos, tienes que estar asesorado jurídicamente, conocer las consecuencias de una reforma fiscal, litigios con empresas, etc. Son imprescindibles”. Además, este cuerpo de altos funcionarios acaba por defender un estado privado que en ocasiones puede chocar con la voluntad del gobernante: “Se genera un combate entre el gobernante que dice que quiere expandir el presupuesto, y el técnico que le dice que no hay dinero para eso, que no se puede trasladar el dinero de una partida a otra por razones jurídicas. La tecnoestructura defiende sus intereses mejor que nadie. Y uno podría pensar que es pública, pero no. Cuando las grandes empresas pueden contratar a estos técnicos por cifras millonarias y pasar toda la información que tienen del Estado a las empresas, lo que hacen es defender un Estado privado”.

[ii] Comenta Villena el funcionamiento discreto de este cuerpo, que además de tener sus propios intereses y preferencias, genera su propia autorreferencialidad (hablar del mismo en tercera persona, acuñar frases como “el cuerpo te puede ayudar”, etc…):

 ”A veces se van a empresas privadas de sectores que ellos mismos han regulado, aunque ahora haya una regularización que impide hacerlo en dos años. No se evita ese conflicto de intereses, pero se adecenta. Eso le ocurrió a Pedro Morenés, ministro de Defensa con Rajoy que tuvo que esperar dos años antes de regresar al sector armamentístico. Al final son juez y parte. Probablemente haya conversaciones previas, tipo «regúlame menos, que luego te contrataré», pero no creo que lo necesiten. No se trata sólo de dinero, aunque sea un incentivo importante, sino que hay un factor de élite, de seguir mandando y tomando decisiones que afectan a todos. Se juegan seguir siendo parte de los elegidos. Y no es lo mismo el poder que el dinero”. 

 Sobre esta “meritocracia”, en la entrevista concedida a La Vanguardia comenta el ejemplo de “La Gloriosa”, una promoción de abogados del Estado de 1996 “de la que salió Iván de la Rosa, el marido de Soraya Sáenz de Santamaría. Un grupo de 20 altos funcionarios que han pasado por los cargos más altos del Estado y la banca española”.

[iii] Durante el libro se evidencia que la experiencia gubernamental de Rajoy ha sido la más transparente al respecto. Según el autor representa la unificación y representación de los intereses económicos de las altas finanzas, los oligopolios y las empresas de armamento.         

[iv] Nos resulta muy interesante la referencia que hace Andrés Villena a lo que escribía Amando de Miguel en los años setenta, lo cual sigue resultando paradigmático: “Los apellidos se van repitiendo de una manera increíble. Ya Amando de Miguel en los años 70, cuando estaba más centrado en la investigación social y menos en las tribunas de opinión, afirmaba que los cuerpos de élite de la administración eran mucho más inaccesibles que las grandes empresas. O sea que un hijo de trabajadores agrarios, que era el extremo de la España de los 6O, lo tendría más fácil para ser ejecutivo de Banesto o del Banco Central que para ser abogado del Estado. Eso va evolucionando porque se van creando sistemas para la igualdad de oportunidades y afectan a estos cuerpos del Estado”.

***

Nicolás Filgueiras González. Graduado en Ciencias Políticas e da Administración pola Universidade de Santiago de Compostela (USC). Escribe sobre diversos temas, pero interésase especialmente polo campo da teoría política.

0 comments on “Andrés Villena: “Es el ‘drama’ de la clase dominante, determinada desde la cuna a ser la gran captadora de plusvalías, la que adopta decisiones importantes, la que jamás será comprendida por el vulgo”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: