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La vida en el calor del verano

Jonás Trueba e Itsaso Arana coescriben la película estrenada en cines el pasado 15 de agosto ––fecha clave––, la semana menos taquillera que puede haber. Y es que no es una película al uso: desde una narratividad sencilla y cercana, elaboran todo un relato acerca de “qué es ser una persona de verdad”, las identidades en construcción, la diversidad de formas de ser y el reconocerse o no mujer. Todo aderezado de Soleá Morente, el calor del Madrid de Agosto, la textura de la luz, la abstracción de la protagonista, el sonido diegético y el silencio.

Esta película representa a las mujeres de otra forma[1], desde la complejidad del proceso de construcción del sujeto mujer, desde la voluntad de la protagonista que elige en todo momento su camino ––a pesar de que no lo parezca––, desde la relación sana y bella con sus amigas. Es sin duda una propuesta muy interesante en la obra de Jonás Trueba, quien, a pesar de haber representado personajes femeninos, nunca habían tenido tanto peso en el film como Itsaso en ésta. Encaja a la perfección si partimos de la teoría fílmica feminista: una apuesta de crear un relato profundo y cotidiano, además de cercano y espontáneo, de una mujer, así como el vínculo de ella con la realidad en la que vive. No perpetúa los estereotipos ni la imagen hegemónica de la mujer en el cine.

Eva, mujer de 33 años, decide pasar el mes de agosto en Madrid y vivir las fiestas del barrio madrileño de La Latina –– San Cayetano, San Lorenzo y la Paloma––, abierta a nuevos encuentros. A lo largo del film se plantearán reflexiones sobre el propio camino, la identidad, los viajes que nos cambian, la maternidad. Con una trama sencilla, real, que no espera ser más trascendental de lo que muestra, en definitiva, un relato acerca de la vida: planos estáticos, cámara atrapando la mirada de ella, voz en off poética. Todo ello, día tras día, te envuelve y atrapa.

Fotograma La virgen de agosto

El cine de Jonás Trueba se asemeja a la forma de hacer y entender el cine a lo largo su historia: “films de ficción de acción dinámica” (Manovich, 1995: 1) como base en la construccion/creación de imágenes en movimiento. Un arte de abrir el obturador y comenzar a rodar grabando la realidad que ya existe, no modificancándola después.

Aquí esta la clave, el cine de Trueba, a pesar de que pasa por un proceso de postproducción obvio, de etalonaje, es realidad a priori. La cámara filma la realidad y punto, que podrá ser ligeramente manipulada gracias a ciertos decorados, vestuario, luz… pero nunca a posteriori en la sala de montaje.

La obra de Trueba parece recordarnos a ese “realismo” de la Nouvelle Vague, el movimiento apadrinado por André Bazin, con diálogos que no acaban y sonido directo. Films libres, que se desenvuelven poéticamente, que al ser mirados se aprecia el placer de filmar y de ruptura con la solemnidad técnica. En palabras de Bertrand Tavernier, “la técnica parecía desacralizada, la cámara podía ser utilizada de un modo totalmente libre (…) Cualquier cosa parece posible” (Tavernier, 2009).

Es cierto que muchos de sus integrantes comentaban que el estilo Nouvelle Vague no existía, como afirmaba Jean Pierre Melville. Sin embargo sí había cierta homogeneidad, una serie de estilemas característicos. Es obvio que las bases teóricas que sentó Bazin con la política de los autores tuvieron un carácter universal: “elegir el factor personal como criterio de referencia en la creación artística, para después postular su permanencia e incluso su progreso de una obra a la siguiente (…) aquellos en los que conste, aunque sea en filigrana, el blasón de autor” (Rimbau, 2009: 55).

Ese factor personal, ese placer del filmar y esa mirada profana, son constantes en la obra de Jonás Trueba. Si bien no tenemos por qué establecer un paralelismo total, nos resuena o recuerda a las obras de Rohmer, entre otros. Y su libertad creativa, culmina con Los ilusos (2013)

Desde Todas las canciones hablan de mí (2010), los diálogos que no acaban, los paseos por Madrid, las reuniones de amigos, las citas de filósofos o literatos, forman parte de su cine. A lo largo de los años, con un equipo de imprescindibles seña de su autoría: Marta Velasco como montadora, Santiago Racaj como director de fotografía y Vito Sanz, Francesco Carril, Isabelle Stoggel como actores originales. Y es que Los exiliados románticos (2015) esa roadmovie por el sur de Europa, es muestra de un cine hecho en común. Si hay algo que nos queda claro después de ver toda su filmografía es la pasión por el cine, y las ganas de coger una cámara y filmar. Y he aquí la paradoja, reivindicar una autoría individual y colectiva al mismo tiempo.

¿Qué relación tiene Trueba con su obra? Siguiendo a Michel Foucault en ¿Qué es un autor? (1999) podríamos cuestionarnos si la autoría es individual o compartida. ¿Se reconoce a Itsaso Arana –– coguionista y actriz principal del film–– como autora? La crítica cinematográfica solo identifica como autor a Jonás Trueba. Sin embargo, es evidente la creación compartida.

¿Es el nombre de Itsaso Arana un nombre propio o un nombre de autor?, ¿y el de Jonás?, ¿ejerce un papel en la relación con el discurso de su último film? Foucault defiende que el nombre de autor funciona como “una palabra que debe recibirse de cierto modo y que debe recibir, en una cultura dada, un cierto estatuto” (Foucault, 1999: 8). ¿Qué tipo de “expertos” reconocen la autoría de la obra?, no es casualidad que ambos sean entrevistados juntos y sea clara la tensión manifestada en estas entrevistas. Se puede apreciar en la realizada en la Soho House de Barcelona el día 3 de Julio por 242 películas después (2019), en la que Arana contradice a Trueba sobre el trasfondo del film, él reivindicando la pura potencia frente al discurso de ella defensora de las decisiones tomadas por el personaje de Eva que demuestran su paso al acto.

Entonces, ¿a quién se le puede atribuir la propiedad de la película?, ¿si una institución quisiera censurarla, contra quién iría? Y siguiendo a Foucault, la incorporación de la visión de Arana podría mantener este film fuera de su obra, sin embargo, sí hay una clara unidad entre La virgen de agosto (2019) y sus anteriores films, y, por tanto, podemos concluir que su unidad como autor sigue intacta.

Cámara fija y en movimiento, oscuridad y luz, ruido y silencio, abstracción y cotidianidad, Complejidad que traza una representación sencilla de las idas y venidas de la vida. Sin duda, una obra que reivindica el cine tanto como la vida.

Bibliografía:

Foucault, M. (1999): “Qué es un autor”, Literatura y conocimiento.

Manovich, L. (1995): “¿Qué es el cine digital?, Laboluz e-magazine. UPV (nº5). Disponible en: http://www.upv.es/laboluz/revista/pages/numero5/rev-5/manovich.htm [Consulta: 6 de octubre 2019].  

Riambau, E., y Tavernier, B. (2009). El cine francés, 1958-1998 : de la Nouvelle Vague al final de la escapada, Barcelona, Paidós.

Material audiovisual:

                Pérez Guevara, J. A. (2019): Entrevista a JONÁS TRUEBA e ITSASO ARANA,  [Vídeo online]. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=MfImK-h-0r0&feature=emb_title [Consulta: 8 de octubre 2019].


[1] Desde la 2ª ola del feminismo, muchas autoras proponen una mirada diferente, desde otros ángulos y dimensiones, una mirada profunda a las propuestas culturales de la industria cinematográfica: análisis de la producción de Hollywood; significado, construcción y destinatarios de las imágenes.

Marjore Rosen y Molly Haskell problematizan la representación mistificada o universalista de las mujeres reduciéndolas a la madre, a la vírgen, a la femme fatal o a la virtuosa. Teresa de Lauretis pone el foco en la manera de representar un objeto Mujer único y no mujeres. Anette Kuhn que reivindica mostrar aquello que esconden las imágenes y determinan su significado. Y ¿por qué reivindicar a estas autoras?: porque son un punto de partida, para analizar el film.

Sofía Muñoz López. Estudiante de Ciencias Políticas (UCM). Apuesta por el vínculo entre arte y política, y con ello lo interdisciplinar. Especialmente interesada en el estudio del poder desde la óptica de los estudios de género cinematográfico y geográfico-políticos.

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