Género ambiguo, teoría explícita.

Imagen cedida por Alberto Rodríguez Seda

¿Qué es esta dimensión que rebasan mis brazos y piernas? ¿Esta piel que habito es la piel de mi vagina? No quepo en ser mujer, porque ser mujer no es mi identidad explícita, un velo cubre lo que soy mientras abro las piernas para que se me vean las bragas. ¡Qué vulgares estas niñas de hoy en día! Tan poco mujeres y tan feministas, gritando, histéricas, para hacernos un hueco cupiendo solo en los espacios en blanco de las teorías. De la Federecci hasta Butler, pasando por Emma Goldman, Virginia Wolf, hemos conquistado un espacio que deja huella pero no cambia lo inmediato. Lo inmediato somos nosotrxs intentando no morir en el intento de ser nosotrxs.

Escribo en mi habitación propia, mi cuarto tiene la forma de mi pensamiento, mi cuerpo tiene la forma de mi vida. No entiendo tantos matices diferenciales; no somos solo biología, no somos solo palabras, no somos vaginas luchando por ser vaginas reconocidas, elevadas al estatus del hombre. Pues miro al hombre y también veo vaginas, vaginas en su cabeza, en sus ojos, en el historial de su ordenador. Soy como este texto, una identidad difusa que se va escribiendo sola, en su propio proceso hacia la muerte y ya está.

Lo sé, demasiada filosofía para una verdad tan mortal. Pero ahí fuera, más allá de la difusión y dispersión teórica sobre qué somos las mujeres para no poder ser más que eso, todo se construye a partir de la identificación, una constante identificación del “yo” con nuestra cultura, con nuestro sistema en una desesperada búsqueda de un lugar. Queremos que el patriarcado acabe mientras buscamos un espacio en él para poder tomar el aire, apenas se sacudió un poco esta estructura con las voces del gentío cada ocho de marzo. Ser feminista nos obliga a intentar ser coherentes con la carga de una identidad social construida que no lo es, ser feminista implica vivir en esas contradicciones, participar de lo que quiere destruir, una flor que se revela contra sus propias raíces.

SOBRE LA AUTORA

Martina Cicorella. Graduada en Literaturas Comparadas, con especial interés en los estudios filosóficos y literarios de construcción de identidad, tanto individual como social. Reivindica en el mundo académico y artístico el reconocimiento de mujeres como Simon Weil, Margaret Alice Murray, Elena Garro o Gata Cattana.

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