Entrevistas escritas

Alena KH: “Muchísima gente con talento jamás publicará porque no son hijos ni amigos de nadie”

Llegaría para quedarse, y es que desde el 2001 Alena decidiría desarrollarse profesionalmente en nuestro país. Un esfuerzo que consumaría años más tarde con la publicación de su primera obra El mercado está fatal (Editorial Roca) y posteriormente Un año y un día (Ediciones B). A la par, colaboraría con diferentes medios y continuaría escribiendo en Intersexciones, un existoso blog en el que pondría al descubierto problemas derivados de las relaciones de pareja y demás artículos de temáticas pertenecientes al ámbito sentimental. El éxito del mismo radicó en los miles de lectores que se sintieron identificados con sus relatos y que, a su vez, tenían la posibilidad de interactuar con la escritora permitiendo que se estableciera esa sensación de proximidad, tantas veces añorada en las comunicaciones a través de la red.

Su nuevo proyecto se conoce como Azotea, un espacio que redefine el concepto del disfrute de la lectura. Con él se nos permite recibir una reflexión configurada como una carta que llega a nuestra bandeja de entrada cada domingo; poniendo un poco de sosiego y serenidad entre el caos, las obligaciones y el ajetreo de la vida diaria.

La poetisa Gloria Fuertes ha sido una de tus fuentes de inspiración para dar nombre a tu nuevo proyecto. La idea nace tras percatarte de que aquellas reflexiones que plasmabas en tu libreta, bajo cielo gaditano, podían ser compartidas con el público que te sigue y aprecia. ¿Qué señales son las que te empujan a cerrar un proyecto, como Intersexciones, y dar rienda suelta a otro confiando en que tendrá una buena acogida y se ganará el afecto de los lectores?

Todo tiene una fecha de caducidad y creo que uno de los ejercicios más importantes en la vida es saber cuándo ponerle fin a las cosas, sin que estas estén caducadas del todo.

Mi blog, Intersexciones, había vivido siete largos años (para un blog es todo un atrevimiento). Sin embargo, los últimos dos años escribía por pura costumbre de escribir. Ya no sentía ese cosquilleo en el cuerpo, estos picores en las palmas de las manos cada vez que me sentaba delante del portátil. Por no mencionar que el tema (relaciones de pareja, amor, la búsqueda de la identidad) ya no me interesaban tanto. Son etapas, y mi etapa de no entender a las personas había llegado a su fin. No es que las entienda ahora, pero ya no me importa no comprenderlo todo.

Cerrar Intersexciones no fue una decisión fácil, sobre todo porque no sabía qué iba a hacer después. Había publicado un libro, había cumplido varios sueños. Y cuando todo con lo que habías soñado se hace realidad, el vacío que deja es inmenso.

Azotea ha surgido de la necesidad de seguir escribiendo, pero de una forma distinta. Nada de blogs. Nada de opciones ajenas. Nada de esperas de los comentarios y, sobre todo, nada de debates agotadores. Azotea es un formato que permite ser del todo sincera sin esperar nada a cambio. Y fue justo lo que necesitaba en aquel momento: escribir, enviar, olvidar.

Las cartas son acompañadas de una recomendación musical y alguna lectura. ¿Por qué artistas te inclinas a la hora de desconectar? ¿Quiénes son aquellos que más te inspiran?

En cada etapa de la vida me inspiran escritoras y escritores diferentes. Admiro profundamente a Marta Sanz, por su dominio del idioma y su enorme capacidad de envasar las palabras al vacío. Optar por la esencia, sin el aire de por medio.

Me inspiran las personas que son capaces de relatar una barbaridad de emociones y vivencias en muy poco espacio: Dana Spiotta, Deborah Levy, Clarice Lispector, Cristina Fernández Cubas, Meg Wolitzer, Catherine Lacey…

¿Cuál fue el momento en el que te decantas por escribir en un país extranjero y publicar tu primera obra?

Lo cierto es que no sé cómo empecé a escribir. Empecé a hacerlo, sin más. La publicación de mi primer libro tampoco tiene algo que ver con un objetivo que podría haber tenido a lo largo de mi vida. Todo fue muy poco a poco, pasó de forma natural, una cosa que llevó a la otra, y esa otra a la siguiente. Y así llegué a publicar.

Sin embargo, publicar en un idioma que no es mío es emocionante. Jhumpa Lahiri, en su libro “En otras palabras” lo explica muy bien: «Escribir en un idioma distinto representa un acto de desmantelamiento, un nuevo comienzo.»

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“No estoy segura de haber querido a nadie como lo quiero a él. Y no hablo de intensidad, sino de profundidad”

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Recoges esta íntima reflexión en el libro Un año y un día, una obra en la que narras el desamor desde la experiencia vital de una misma. Sobre nosotras recae el tópico de ser más enamoradizas y que, en ocasiones, buscamos más un padre que un hombre en las relaciones de pareja. Por otra parte, semeja que sobre el sexo opuesto yace el deseo de establecer una relación con una mujer más joven; que represente una figura más dominable sobre la cual reafirmar la masculinidad. ¿Qué opinas de estos clichés? ¿Crees que hombres y mujeres concebimos el amor de forma diferente?

Creo que son tópicos que no se merecen tanta atención como la que les prestamos. Me imagino que hay personas que siguen un patrón de infancia, pero por norma general, dudo que sea cierto.

Respecto a las mujeres: no es que seamos más enamoradizas, es que nos hacen creer que estar en pareja es nuestro principal objetivo, y entonces nos aferramos a ello. Eso es como cuando se dice por ahí que las mujeres nos odiamos entre nosotras. Hay mujeres que se lo creen y empiezan a ver a las demás mujeres como un rival. Es un pez que se muerde la cola.

Hay mujeres que sienten más que algunos hombres. Hay hombres que sienten más que algunas mujeres. Hay mujeres que no expresan sus sentimientos, hay hombres que sí lo hacen, y al revés.

El patriarcado ha hecho mucho daño, tanto a las mujeres como a los hombres, y cuando antes dejemos los clichés, antes aprenderemos a escucharnos y a identificar qué es lo que nos mueve y qué es lo que sentimos en vez de lo que debería movernos y lo que tendríamos que sentir, según las normas que nadie jamás ha visto, pero que todo el mundo cree que están escritas en alguna parte.

Alena, eres natural de Bielorrusia. Muy joven emprendes un viaje sin retorno superando los obstáculos que se te presentan y consiguiendo hacerte un hueco en el mundo de la cultura. Bruno Catalano plasma en sus esculturas “incompletas” el vacío que experimenta aquel que debe dejar su tierra atrás. Recordando a esa chica de 19 años que acaba de llegar a Barcelona, en un tiempo carente de la actual mensajería instantánea y tecnología, supongo que habrás percibido en algún momento esa sensación de angustia o soledad. ¿Cómo lidiaste con ese vacío? ¿Qué consejos le darías a tu yo del pasado?

Yo no sentí el vacío. Es más, yo nunca estuve cómoda viviendo en Bielorrusia. Es como si me hubiese equivocado al nacer. Cuando llegué a España, me sentí en paz. Me pasó lo mismo que a Jhumpa Lahiri cuando ella visitó Italia por primera vez: todo encajó de repente.

Son muchas las personas que abandonan su país por pura necesidad, o porque no tienen otra opción. Cuando tu país te expulsa, el vacío que deben de sentir es aterrador.  El abandonado suele sufrir más que el que abandona.

En mi caso, fui yo quien abandonó. Además, fue una decisión firme y reflexionada, desde la bajita altura de mis 19 años, claro.

Dejé mi tierra atrás, como Bruno Catalano, pero lo hice con ilusión y con ganas de conocer otros mundos.
Uno de los consejos que le daría a aquella niña entusiasmada de 19 años es: no intentes ser alguien que no eres para encajar en los estúpidos estándares que crearon las personas sin empatía que jamás se esforzarán en conocerte.

¿Consideras que de no haber iniciado esa aventura y continuar con tu vida en Bielorrusia, hubieras sido escritora?

Por supuesto que no. Bielorrusia no es un país donde puedes permitirte el lujo de dedicarte a algo que te gusta. Y no sólo hablo de la parte económica (España tampoco es un gran ejemplo para ser artista).

Si hubiese seguido en Bielorrusia, me temo que me habría convertido en lo que son mis amigas de infancia: esposas en espera de que les pase algo sorprendente en la vida.

Realizas una ponencia en la Escola Superior de Comerç Internacional (ESCI-UPF) en la que expones cómo era la vida en la antigua República Soviética. Destacas hechos como el acceso a una universidad gratuita, el trabajo obligatorio, la semejanza de salarios entre la práctica totalidad de la población…y la final disolución de la URSS. ¿Cómo recuerdas esa etapa?

Nací en la URSS, pero apenas era una adolescente cuando mi país dejó de existir. Mis recuerdos, en realidad no son míos: son el batiburrillo de lo que creo recordar y lo que escuché contar a mis padres. Mi verdadero recuerdo de infancia es la rigidez y la importancia de trabajar y ser disciplinada.

La parte dura la vivieron mis padres. Y ellos, desde luego, han hecho lo posible para que yo no me diera cuenta de nada. Veía que pasaban cosas, que eran cosas desagradables —los niños tienen esa sensibilidad de percibir incluso lo que no entienden— , pero cuando de verdad entendí lo que había pasado fue mucho más tarde.

En una intervención en Ara I Aquí de la TVE, subrayas la importancia de dejar de discriminar y dividir a las mujeres entre madres y no madres. La sociedad evoluciona hacia la rotura de esas cadenas que nos atan a perpetuar ese rol convencional de mujer, para que este sea una opción y no una imposición. ¿En qué ámbitos consideras que queda aún mucho por avanzar?

Si empiezo a numerar todo lo que nos queda por hacer, no acabaría en un año. Creo que estamos yendo por un buen camino, pero que nuestra generación no va a recoger los frutos de nuestros esfuerzos. Las mujeres estamos menos sometidas que antes, eso es verdad, pero tampoco somos tan libres como se intenta mostrar hoy en día. Sobre todo, más allá de Europa. Cuando hablamos de feminismo, de la libertad de expresión, de sexualidad, de racismo, de homofobia, y de todas estas cosas tan importantes, nos centramos únicamente en países desarrollados. Pero nos olvidamos de África, de Asia, de Oriente Medio, de América Latina. Nos miramos el ombligo y nos creemos  evolucionados.

En el programa que mencionas no paraban de repetir que la natalidad en España está bajando en picado y que tenemos que “ponernos las pilas”. ¿Y qué pasa con el resto del mundo? Nuestro planeta está sobrepoblado. El problema no es que las mujeres decidimos no ser madres, sino que en nuestro propio país queremos más bebés blanquitos y cultos, a pesar de que en el resto del mundo haya tanta gente muerta de hambre o asesinada por pedir lo que les pertenece: sus derechos.

¿Cómo se vive el movimiento feminista en tu país natal?

Como un despropósito. Las feministas en Rusia están vistas como “mujeres faltadas de atención masculina que se vuelven locas porque no tienen nada más que hacer”.  Vamos, lo típico de un país ultra machista.

Una situación que afrontan muchos de los artistas del panorama nacional son las dificultades que experimentan para poder vivir de ello. Desde una perspectiva más personal, ¿cuáles son los principales problemas a los que has tenido que hacer frente?

Supongo que me he enfrentado a lo mismo que todo el mundo: en este país, como en muchos otros, las cosas funcionan lentas y mal. Son más importantes los contactos y pertenecer a ciertos círculos y grupos que poseer un talento. No hablo de mí en concreto, porque no puedo evaluar mi propio trabajo, pero te aseguro que a mi alrededor hay muchísima gente con talento, personas que escriben como dioses y que, a pesar de todo, jamás serán publicados porque no son hijos de nadie ni amigos de nadie.

¿Se espera nueva novela?

Se esperan nuevos proyectos, sí. Si es una novela o no y en qué se va a convertir, ya veremos.

SOBRE LA AUTORA

Inés Khalloufi Izquierdo. Estudiante del Grado en Ingeniería Química en la Universidad de Santiago de Compostela.

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