Sociedade

De cómo el capitalismo se disfraza de lucha

Si de algo sabe el capitalismo es de monetizar todo lo que sea una potencial fuente de ingresos, y el discurso feminista vende, y mucho. This is what a feminist looks like, The future is female, Women Power[i] y demás slogans feministas han comenzado a constituir una opción más a estampar sobre las prendas de relevantes firmas de moda.

Feministe pour toujours", Feminista para siempre
Fuente: GREG KANTRA

La ideología feminista ha llegado como una expresión social, cultural y política que comedidamente parece comenzar a cambiar costumbres, actitudes e incluso determinadas actuaciones en organismos e instituciones. Se hace más que evidente que es una tendencia que podrá ser aprovechada para la realización de campañas publicitarias, que más que repercusión social, buscan el contento y la aprobación fácil de sectores de la sociedad, principalmente niñas y jóvenes, con poder adquisitivo para acceder a un producto atractivo.

La ley de oferta y demanda, principio básico sobre el que se sustenta el modelo actual de economía de mercado; dictamina que siempre que exista un público dispuesto a consumir cierto producto este se pondrá a su disposición, esencialmente, mediante transacción económica. El capitalismo es capaz de metamorfosear y abrazar nuevos dogmas aparentando ser el (falso) aliado de las nuevas causas sociales; esta vez concibiendo nuevos espacios para el veganismo, la ecología e indudablemente la inquebrantable lucha feminista. Los movimientos sociales semejan convertirse en el estímulo elemental para encaminar una novedosa y flamante estrategia de marketing que permita afianzar o apropiarse de nuevos nichos de mercado y, por ende, de cuantiosas ganancias.

Desde otra perspectiva, parece beneficioso visibilizar la lucha por los derechos femeninos con mensajes motivadores sobre las piezas de ropa. La moda podría resultar un apoyo para la dispersión del mensaje feminista a diferentes sectores sociales y comenzar a considerarse una alternativa preferible a una frase vacía; siempre y cuando el discurso se sustente bajo una producción que no viole los derechos de los obreros, mayoritariamente mujeres.

Considerando que una significativa parte de la producción textil se encuentra aglutinada en Sudamérica, norte de África y sureste de Asia; resulta un tanto incrédulo figurarse que dicha confección se desempeña bajo condiciones que impidan la explotación niñas y mujeres en situación de vulnerabilidad y exclusión social. Lejos de los ideales que se proclaman, la realidad no va más allá de la sucesión de escándalos que abarcan desde jornadas laborales extenuantes a despidos improcedentes por embarazo, honorarios precarios y acoso sexual en las fábricas tercermundistas.

Fuente: Rainier Ridao

La última polémica ha sido protagonizada por la innovadora colección de camisetas benéficas de las célebres Spice Girls, que pretendían recaudar fondos con el objetivo de destinarlos a proyectos que fomentaran la igualdad de género. Por el contrario, para la elaboración de las mismas se ofrecieron sueldos que tan sólo rozaban los 0,39 céntimos por hora para las trabajadoras bangladeshís. Asimismo, se denunciaron malos tratos y jornadas que superaban las 16 horas diarias[ii]. La organización solidaria a la que se destinaría el efectivo recaudado, parece no haber recibido aún nada de lo prometido.

Otro sonado caso es el de las camisetas con logos “empoderantes” que mercantiliza H&M. Emblemas bastante cuestionables desde el conocimiento del sistema de manufactura empleado por el gigante textil. Diversos medios de comunicación afirman que el salario mensual no supera los 35 euros por 14 horas de jornada laboral diaria en los países subdesarrollados. Se han llegado a producir desmayos debido a las calamitosas condiciones laborales, así como contratos ilegales sin pago por enfermedad.

La línea de ropa deportiva, Ivy Park, perteneciente a la superestrella norteamericana Beyoncé, cuyo lema es “made for women who want to look and feel at the top of their game”, trabaja bajo la idea principal de “traspasar los límites de la ropa deportiva y apoyar e inspirar a las mujeres que entienden que la belleza es más que la apariencia física”. Lo cierto es que quienes la fabrican lo hacen en talleres clandestinos de Sri Lanka. Las costureras son en su totalidad mujeres jóvenes y pobres que viven hacinadas en pequeños dormitorios, viéndose obligadas a realizar horas extra para llegar a fin de mes[iii]. Parece ser que el supuesto empoderamiento se reserva exclusivamente a la mujer occidental.

El feminismo se erige como un objeto más de consumo. El capitalismo se apropia de su proclama y lejos de favorecer la causa; inocua y domestica el mensaje arrebatando al rompedor Everybody should be feminist de toda potencia revolucionaria.

[i] Algunos de los lemas estampados sobre piezas de las últimas colecciones de Inditex

[ii] Informaciones reveladas en una investigación desempeñada por el diario The Guardian

[iii] El diario británico The Sun destapó las condiciones de semiesclavitud de las costureras de la firma

SOBRE LA AUTORA

Inés Khalloufi Izquierdo. Estudiante del Grado en Ingeniería Química en la Universidad de Santiago de Compostela.

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