Entrevistas escritas

Entrevista a Emmanuel Rodríguez López

Emmanuel Rodríguez López nos respondió a varias preguntas acerca de La política contra el estado. Sobre la política de parte (Traficantes de Sueños, 2018). En su último libro hace un recorrido histórico y teórico que critica el paradigma habitual en que se piensa la política como algo que empieza y/o acaba en el estado. Su propuesta de “política de clase” piensa la política fuera del estado, poniendo en primer plano la autodeterminación de la colectividad social y la insubordinación a los aparatos estatales.

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Emmanuel Rodríguez López es licenciado en Sociología por la UNED y doctor en Historia por la UCM. Además de haber sido investigador en el Observatorio Metropolitano de Madrid y de publicar en el mismo, ha publicado numerosos libros como Hipótesis Democracia (Traficantes de Sueños, 2013) o Por qué fracaso la democracia en España. La transición y el régimen del 78  (Traficantes de Sueños, 2015). Es coordinador de ediciones en Traficantes de Sueños, miembro de la Fundación de los Comunes y ha publicado en Ctxt, Público, El Diario o El Diagonal. Entre Sus líneas de investigación destaca el estudio de la historia contemporánea, concretamente la de España.

El libro recoge muchas de las reflexiones dadas en Traficantes de Sueños y la Fundación de los Comunes a partir de los últimos años del ciclo político iniciado en 2011 con la irrupción del 15M. El libro de Emmanuel Rodríguez desarrolla una historia y una teoría de la “política de clase”, entendida esta como una “política de parte” que no se subordina a los aparatos del estado sino que los desborda. La política de clase responde a un proceso creativo dado en el polo de la división de clases en las sociedades capitalistas que aspira a la auto-organización del sujeto político. Simultáneamente a la construcción de la política de clase, los estados nacionales garantizaron una ficción unitaria en las formaciones sociales capitalistas basadas en la negación de la política de clase mediante la reconciliación o integración de las divisiones de clase. La política de parte se refiere entonces a un conflicto histórico entre la auto-constitución de nuevos sujetos políticos revolucionarios que se afirman y la negación de los mismos por parte del Estado moderno.

El pasado 30 de Noviembre en Vigo, Anticapitalistas Galiza organizó la presentación del libro de Emmanuel Rodríguez en la cafetería de “Catro a Catro”. Nos atendió unos minutos antes de la presentación para respondernos a algunas de las cuestiones abordadas en “La política contra el estado. Sobre la política de parte”. Además de nuestro interés por comprender mejor el significado de la “política de parte”, le hemos preguntado acerca de su concepción sobre la clase y sobre la idea de autonomía de lo político.

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Tradicionalmente, el marxismo ha entendido que en el modo de producción capitalista se da una formación social dividida en clases, a las cuáles les corresponden unos intereses objetivos. ¿Qué entiendes por clase? ¿Se constituye el sujeto en las relaciones de producción?

El marxismo vulgar de carácter determinista ha entendido que la clase es el resultado de una condición sociológica, o que está determinada por la desposesión respecto a los medios de producción. Pero eso que llamamos clase no tiene una constitución a priori.  No se puede decir que aquellos que están despojados de los medios de producción acabaran constituyéndose como clase obrera, y por lo tanto estarán condenados o destinados a desempeñar un papel revolucionario en la historia. La experiencia de la gente que ha participado en experiencias políticas vinculadas al movimiento obrero, así como diversas lecturas en términos históricos y empíricos han señalado que, justamente, es algo distinto. La clase es un conjunto de colectivos y de sujetos heterogéneos encontrados en un momento dado, que participan de experiencias comunes y que solo en el conflicto se constituyen como tales. Se trata de sujetos constituidos a partir de tradiciones y herencias muy distintas. En ese sentido, yo creo que es más interesante leer a autores del marxismo social inglés como Edward P. Thompson, que hablan de la clase como una formación, un making, un proceso en curso de una comunidad que se construye en el conflicto a partir de esas herencias heterogéneas.

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Se ha desarrollado una noción de la política que empieza y acaba en el Estado Moderno. Muestra de ello ha sido el pensamiento estratégico de la izquierda sobre como tomar el poder/mantenerse en él o las diversas teorías del estado y del derecho público. Entre estas concepciones políticas se invisibilizaron las experiencias de autodeterminación y autonomía que recoges en el libro. Defiendes una teoría, tanto interpretativa como normativa, que piensa la política al margen del estado: una política de parte. ¿Qué significa la política de parte? ¿Qué proyectos dentro del movimiento obrero la han confrontado?

Hablar de política de parte implica hablar de política de clase. Esta implica renunciar al proceso de integración de la clase del movimiento obrero dentro del estado moderno durante el siglo veinte. El momento previo a este proceso se encuentra en todas las políticas marckianas de integración, de construcción del Estado social y todo el socialismo a estilo de Lasalle contenido en la socialdemocracia alemana. A partir de 1917 ese proceso de integración de la clase desarrollado a lo largo del siglo veinte se observa de una forma muy clara en lo que se denominó como “socialismo de estado”. Este se construyó a partir de la experiencia soviética y la anulación de los soviets, de los órganos de autogobierno del proletariado, dando lugar progresivamente a un estado que engulló a la clase, postulándose como el único sujeto de la política socialista. También se ha observado en el espacio de los países occidentales  consistentes en políticas de conversión de la demanda obrera a los aparatos del Estado. Ejemplo de ello fue convertir la capacidad de generación de mecanismos de autodefensa mutualistas de la clase obrera en la seguridad social o el derecho moral obrero en derecho laboral.

La idea es que no hay política de transformación si no hay una ruptura social de partida.  La política de parte es una política que reivindica la autodeterminación de los sujetos sociales como un valor en sí, como lo fundamental.  La política de parte es la reivindicación de que cualquier política de transformación está basada en una ruptura, en una separación o secesión social que da lugar a una parte que se constituye frente a una totalidad que la reconoce como algo que no es propio, que es falso o ficticio. No hay una integración completa en la nación o en el estado, no existe algo así como un estado como el lugar de lo común o lo universal.

¿Qué papel ha jugado la idea de autonomía de lo político en la invisibilización de la política de parte?

En muchas de las posiciones ideológicas dentro del movimiento obrero como el socialismo o el comunismo, la autonomía de lo político se deriva de concepciones que entienden al Estado como un instrumento que sirve al propósito de una transformación social. Es decir, se deriva del hecho de pensar que a partir del empleo de las palancas del estado se puede construir una nueva realidad social. Esta es una idea latente o constitutiva de toda la izquierda tal y como la conocemos, una izquierda que siempre es estatal. Es una izquierda que trata de representar el conflicto o el malestar en términos de políticas sociales, siempre a partir del Estado.  Esta izquierda puede tener un carácter redistributivo, pero a partir de ahí su objetivo es construir una política positiva que solvente o neutralice el conflicto, es una política de neutralización del conflicto. Esto es su éxito y su maldición: en tanto que se convierte en parte del problema ya no es capaz, la mayor parte de las veces y sobre todo en situaciones de crisis, de generar o de responder a aquella promesa sobre la cual partió. Por lo tanto, la autonomía de lo político consiste en encontrar en lo político-estatal un campo de mediación de conflictos que se resuelven y a la vez se neutralizan. Tenemos como ejemplo la construcción de sujetos que no son reconocidos: las mujeres, los migrantes, las minorías. Ser integrados dentro del campo del Estado como ciudadanos no resuelve los mecanismos de explotación o de segregación. La política de neutralización del conflicto consiste en que aquello que está en una base social, no tiene una solución por integrarse en el estado. Neutraliza el conflicto al mismo tiempo que no lo solventa. Frente a la autonomía de lo político están los procesos de autodeterminación, que sí son sociales, colectivos o de clase, y que precisamente en esa autodeterminación lo que niegan es que esa esfera estatal política tenga autonomía respecto al conflicto que ellos establecen.

SOBRE LOS AUTORES

Nicolás Filgueiras González. Graduado en Ciencia Políticas y de la Administración en la Universidad de Santiago de Compostela. Escribe sobre diversos temas, pero se interesa especialmente en la teoría y la economía política.

Yonay Gómez Meira. Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración en la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Escribe sobre temas relacionados con la sociología, en especial los derivados de la acción social.

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